“No se preocupen por mi futuro porque aquí no tengo ni siquiera presente”, se leía en una de las pancartas en Villas de Salvárcar.

El año pasado, iniciamos con una noticia que impactó de sobremanera en la opinión pública nacional e inclusive internacional, la matanza de 16 jóvenes en la Colonia Villas de Salvárcar, en Ciudad Juárez, Chihuahua. El suceso ocurrido en la citada colonia juarense durante una fiesta, en la cual se encontraban más de medio centenar de estudiantes de bachillerato, la mayoría de ellos menores de 18 años.

Además de la situación que, sin duda alguna, marcó la vida de cientos de familias juarenses que día con día sufren las consecuencias de una política de seguridad que no cumple las expectativas que el titular del Ejecutivo Federal defiende; tal suceso causó mayor revuelo por las declaraciones que emitió Felipe Calderón durante una  gira en el extranjero, el primer mandatario, imprudentemente realizó un pronunciamiento en donde catalogaba la masacre en Villas de Salvárcar como un ajuste de cuentas entre delincuentes.

De tal suerte, que los padres de los estudiantes asesinados respondieron a las afirmaciones de Felipe Calderón criticando su insensibilidad y falta de tacto, ya que tales argumentaciones se efectuaron sin sustento alguno o información verídica que confirmará las aseveraciones irresponsables del titular del Poder Ejecutivo Federal.

De modo que, poco más de una semana después de las revelaciones insensibles de Felipe Calderón, éste se reunió con amigos y familiares de los jóvenes asesinados y ofreció disculpas a los presentes si sus declaraciones los ofendieron a ellos o a la memoria de sus hijos. En este tenor, se lanzó el fallido programa de “Todos Somos Juárez, Reconstruyamos la Ciudad”, cuyos resultados dejaron mucho que desear, como se ha puntualizado en ocasiones anteriores.

Cabe resaltar que, Felipe Calderón dejo ver, mediante declaraciones posteriores, la poca eficacia y eficiencia política de su estrategia de seguridad. A los padres de familia de los jóvenes asesinados, les ofreció “revisar” su curso de acción en materia de seguridad para combate al crimen organizado, desde luego, se trató de una manifestación pocas veces aceptada y francamente reconocida por el inquilino de la residencia oficial de Los Pinos. No obstante, por qué continúa la misma estrategia, a pesar del rechazo de la ciudadanía y del mismo reconocimiento por parte Calderón que señaló a Villas de Salvárcar como botón de muestra.

Asimismo, el gobierno federal prometió a los juarenses en lo particular y a los mexicanos en general, implementar acciones integrales en el combate a la delincuencia organizada, ya que como el propio Felipe Calderón expuso, se debe complementar la estrategia de seguridad con herramientas integrales además de operativos policiacos y militares. El cuestionamiento nos vuelve a surgir, entonces cuál es la razón por la que no se modifica la política de seguridad.

Sin embargo, las promesas de reformar el curso de acción en seguridad quedaron en el olvido y el Gobierno Federal optó por acudir con su gabinete para echar a andar “Todos Somos Juárez”,  pero cuál fue su sorpresa;  el primer mandatario federal recibió una cascada de reclamos por la incapacidad de las autoridades federales no solo para garantizar el derecho a la seguridad sino también a la salud, educación, empleo, vivienda, etcétera.

Villa de Salvárcar marcó un capítulo más de la ineptitud y la negligencia de funcionarios que no poseen las capacidades ni las aptitudes para modificar su estrategia de seguridad pública; y sin duda, otro caso más que se suma a los miles de acciones que continúan sumergidas en la impunidad, debido a que se presentaron a presuntos responsables de la matanza, pero independientemente de ellos, los hechos nunca se esclarecieron.

¡Arriba las manos, esto es un gasolinazo!

Mes con mes, las gasolinas en nuestro país sufren un incremento en su precio de 0.08 centavos la “magna”, y de 0.04 centavos el diesel. Hasta el momento, dichos incrementos han provocado que desde el inicio del año los combustibles cuesten un 5.47% más del precio que tenían en diciembre de 2010. Provocando una cadena de aumentos en toda la cadena productiva y el obvio deterioro de la capacidad adquisitiva de los mexicanos, pero ¿cual es el argumento para esta medida?

La Secretaría de Hacienda, dirigida por Ernesto Cordero, ha defendido los aumentos diciendo que son una medida de “responsabilidad macroeconómica que tiene como finalidad disminuir los impactos negativos que tiene sobre la inflación la disparidad entre el precio de este combustible a nivel internacional y el que actualmente se tiene en nuestro país”.

Lo que se pretende es equiparar el precio de los combustibles en México al que tienen en Estados Unidos y Europa, debido a que en esos lugares son 25% más caros que en México y fluctúan de acuerdo al precio internacional del petróleo, por lo que los aumentos en nuestro país supuestamente pretenden reducir los impactos negativos en el precio de bienes y servicios en México, producto de la disparidad entre los precios nacionales del petróleo y los índices internacionales.

Los argumentos anteriores, además de ser incomprensibles para el grueso de la población, sólo pretenden encubrir una medida antipopular y que ha provocado encarecimientos en la mayoría de los productos que se adquieren en el mercado, desde la ropa hasta los alimentos. Además, es ilógico que se pretenda equiparar los precios de las gasolinas a los vigentes en Estados Unidos y Europa, cuando el nivel de vida en nuestro país es por mucho inferior al existente en esas partes del mundo.

El aumento en los combustibles ha impactado directamente a las empresas, que obviamente tienen que trasladar esos costos al precio final de sus productos, por lo tanto, los aumentos golpean directamente al consumidor, que día con día ve como un salario mínimo de 59 pesos diarios no alcanza para absolutamente nada, mientras que la vida se torna cada vez más cara; sin embargo, el gobierno de Felipe Calderón se ha mostrado insensible ante la situación y no ha escuchado los reclamos ciudadanos, que exigen un alto a los incrementos mensuales.

La medida es ciertamente engañosa, y es claro que sólo busca una mayor recaudación de impuestos para las arcas del gobierno federal, que se defiende diciendo que con los aumentos se ha logrado un gran ahorro en los subsidios destinados a los combustibles, y que esos recursos extras se han destinado a “rubros prioritarios” ¿que entenderá la administración de Felipe Calderón por “rubros prioritarios”? Ciertamente la “guerra contra el narcotráfico” es uno de ellos, así como los aumentos a los presupuestos de la Policía Federal y el Ejército, mientras que la educación, el impulso a la ciencia, las universidades públicas y los sistemas de salud sólo reciben algunas migajas.

¿Hasta cuando continuará esta situación? Sólo en el gabinete de Calderón lo saben, pero lo cierto, es que los ciudadanos de México comienzan a mostrar señales de hartazgo ante los desatinos del actual gobierno, el cual, a pesar de todos los spots televisivos que lanza, de todas las cifras manipuladas que muestran un inexistente país ideal, y de toda la maquinaria publicitaria que usa para intentar convencer a la gente de que la realidad es la que ellos dicen, no ha logrado revertir la pésima imagen creada tras 11 años de ignorar la voz de la mayoría.

Vicente Fox, el presidente que era alérgico a los libros


Tras la elección presidencial del año 2000 y la alternancia que se dio en el poder, arribó a la presidencia un personaje que desde que estaba en campaña se caracterizó por sus pintorescos dichos y sus maneras rústicas de comportarse, propias de un hombre que creció durante gran parte de su vida en el campo, rodeado de campesinos y ganaderos.

Vicente Fox Quesada llegó a ser el primer mandatario de oposición en México, tras haber logrado la hazaña de derrotar al PRI en las urnas gracias al voto mayoritario de una ciudadanía que depositó en él la esperanza de un cambio en todos los sentidos, y que sin embargo, al poco tiempo ser vería defraudada.

Desde el inicio de su administración Fox comenzó a hacer gala de su torpeza e ignorancia, de su clara incapacidad para dirigir los destinos de la nación. Sus desatinos llevaron a que México tuviera serios roces con Cuba y Venezuela, a cuyos líderes el guanajuatense calificaba de “tiranos y dictadores”, lo cual llegó al extremo del rompimiento de relaciones entre nuestra nación y Venezuela, con el consecuente retiro de embajadores.

Pero lo anterior sólo es una pequeña parte de la serie de tropiezos cometidos por Fox. Entre las “joyas” de declaraciones que existen por parte del Ex – Presidente, sobresale aquella que diera alguna vez en Oaxaca, cuando le señaló al auditorio que evitaba leer periódicos debido a que consideraba que estos no reflejaban las realidades y verdades que él percibía, además que ocultaban el espíritu de optimismo nacional, e invitó a la gente a seguir su ejemplo.

Y que decir de aquella ocasión en la que se reportó que un comando armado había tomado por la fuerza las instalaciones del canal 40, ubicadas en la zona norte del Distrito Federal, tras lo cual, algunos reporteros y periodistas le exigieron al mandatario su intervención en el caso. La respuesta que recibieron por parte de “El Presidente del Cambio” fue célebre: ¿Y yo por qué? Tal vez en ese momento hubiera sido preciso recordarle que el 2 de julio del 2000 había sido elegido como Presidente de la República.

Como olvidar la ocasión en la que demostró ante el mundo su desconocimiento en materia de literatura, al felicitar a un inexistente Premio Nobel llamado “José Luis Borgues”. O las palabras que brindó en el funeral de la actriz María Félix, momento en el que declaró que ésta sería recordada por los mexicanos  como “una de las grandes impulsoras de los cambios democráticos en el país”.

Sin duda, el panista Vicente Fox será recordado en la historia de México no gracias a su buen gobierno o sus acciones políticas, sino debido a su incompetencia verbal y su evidente desconocimiento de casi todo. Fox se volvió una víctima constante de la burla no sólo del ciudadano común y corriente, sino también de sus rivales políticos, quienes lo calificaban como “Un ignorante de buena fe”. Y es que el ex – mandatario puso por los suelos la reputación del PAN, que hasta entonces exhibía ante la sociedad la imagen de ser “el partido de la cultura y las buenas costumbres”,  sin embargo, con Vicente Fox se comprobó que existen las excepciones a la regla.

“Comes y te vas”, le dijo a Fidel Castro durante una cumbre de mandatarios realizada en Monterrey, con el fin de no molestar al entonces presidente de Estados Unidos, George Bush. ¿O que tal su idea acerca de las mujeres?: “El 75% de los hogares de México tienen una lavadora, y no de dos patas o de dos piernas, sino una lavadora metálica”, llegó a declarar en alguna ocasión, dejando en claro que el tacto y la sutileza no era lo suyo.

“Vamos a despejarle (quitar al “Peje”) el camino a Calderón”. En plena campaña de 2006 ésta fue una clara advertencia a Andrés Manuel López Obrador, aunque obviamente nunca lo mencionó de manera pública y directa hacia el aludido, pues además es bien sabido que en Los Pinos la que tomaba las decisiones era Martha Sahagún, y si ella no lo autorizaba, Fox debía mantenerse al margen hasta recibir indicaciones.

Sin duda y desafortunadamente, el material proporcionado por Vicente Fox es extenso, pues su ignorancia era y continúa siendo ilimitada. El panista Fox fue sólo el producto resultante de una buena campaña de mercadotecnia, pero que en realidad nunca tuvo la estatura política para ser Presidente de México. Y es que en realidad, no se puede decir nada a favor de alguien que en los últimos días de su gris gobierno decía: “Yo ya puedo decir cualquier tontería, al fin que ya me voy”. Increíble pero cierto.