La Generala del Cártel del Golfo

Detrás de un hombre poderoso hay una gran mujer, pero cuando ese hombre es un jefe del narco, el papel de las mujeres que están tras ellos es más difícil de conocer, esta semana la revista Emeequis presenta una investigación al respecto muy interesante sobre mujeres que se abrieron su propio camino en la estructura de los cárteles del narco, particularmente, el del Golfo.

En dicha investigación se habla de tres de las emperadoras del narco a nivel internacional, una de ellas es María Antonieta Rodríguez Mata, una mujer que teje negocios entre las mafias colombiana, dominicana, mexicana y mexicoamericanas, su base en Reynosa Tamaulipas, según contó, en 2004 uno de sus ex colaboradores, que fue detenido en Texas. En su declaración también daría detalles de su ex jefa. “Si algo le gusta en la vida a María Antonieta Rodríguez Mata son las mujeres, y si algo sabe hacer bien es traficar droga y dinero entre México y Estados Unidos.”

Su aspecto físico revela a una mujer que no corresponde al perfil de una “reina” del narco. Si se atiende a las pocas imágenes disponibles de ella, de inmediato queda claro que de sus hombros nunca colgó una bolsa Loui Vutton, sino el fusil de asalto que aprendió a manejar en sus años como policía judicial de Tamaulipas.

Si los sobrenombres indican algo de quien los recibe, entonces habría que repasarlos para entender de quién se trata María Antonieta: Comandante,  Toni,  La Tía,  La Toni,  La Vieja, Mandy, pero, ante todos, el de La Generala. El santo y seña de lo que la DEA conoció de su carrera como contrabandista queda registrado en el expediente de alegato sobre su solicitud de extradición, cuya copia completa posee Emeequis.

En él se lee la letra de un juez estadounidense: “María Antonieta Rodríguez Mata ocupaba una posición como líder de la organización, con base en Reynosa, que transportaba grandes cantidades de cocaína y marihuana en los Estados Unidos”.

La Generala nació el 21 de junio de 1969 en Tamaulipas, aunque su vida se construyó, desde su infancia, en Reynosa. Hija de un obrero de Pemex, es la menor de sus seis hermanos. Estudió la preparatoria en Saltillo, Coahuila, y derecho en la Universidad Valle de Bravo, en Reynosa, carrera que suspendió a los 22 años para llevar el curso de ingreso a la policía judicial de su estado, en donde la admitieron en 1992. Reinició la licenciatura en 1994 y la concluyó dos años después. Permaneció en la policía judicial hasta el 1 de junio de 1999. De los modos y maneras de  La Generala en sus tiempos de agente de la policía judicial, las autoridades tamaulipecas sabían desde 1996.

En junio de ese año, la CNDH emitió una recomendación al entonces gobernador para que la investigara por abuso de autoridad. En 1995, La Generala, otro policía mexicano y dos agentes del FBI irrumpieron en el centro nocturno Fiesta Mexicana. Sin documento alguno de aprehensión, pero sí con violencia, sacaron del sitio a un ciudadano estadounidense acusado en su país de posesión de marihuana. Los judiciales metieron al hombre a la cajuela de su vehículo y lo entregaron al FBI en el Puente Internacional de Hidalgo, Texas, ahí mismo donde La Generala hizo los negocios por los que los estadounidenses reclamaron su extradición.

Al momento de su detención,  La Generala poseía tiendas de autoservicio, restaurantes, negocios de arrendamiento inmobiliario y un rancho de engorda de reses, porque, como todo buen traficante, explica su riqueza con la bonanza de la ganadería.

La corte federal estadunidense detectó que, “al menos desde marzo de 2000 o alrededor de esa fecha”, La Generala “creó una organización para distribuir grandes cantidades de cocaína y marihuana dentro de Estados Unidos” con operaciones basadas en Reynosa y conectada con McAllen y Houston, Texas, y otras ciudades de Nueva York y Carolina del Norte.

Los años 2003 y 2004 fueron algunos de los peores para el Cártel del Golfo. Detuvieron a su líder, Osiel Cárdenas Guillén, en Matamoros, Tamaulipas. Otros operadores de primer nivel fueron capturados después, entre ellos Rogelio González El Kelín y La Generala.

El Kelín y María Antonieta tenían una historia compartida. Entre 2002 y 2004, él se instaló en Veracruz para recibir droga procedente de Colombia vía Guatemala, que luego enviaba a Texas con la intermediación de La Generala.

La Generala fue detenida el 8 de febrero de 2004 sin intención alguna de ser sometida a proceso penal en México. La Agencia Federal de Investigación la capturó con el único propósito de entregarla a Estados Unidos. Todos los apodos de María Antonieta enlistados por la PGR fueron los mismos y en el mismo orden que los mencionados en la investigación de allá.

El 7 de febrero de 2006, justo dos años después de su entrada a prisión, se le abrieron las puertas de la cárcel de Santa Martha. Por algunos segundos recuperó la libertad, hasta el momento en que un grupo de la PGR la esposó nuevamente para arraigarla durante los siguientes 30 días, recluirla otra vez en la cárcel para mujeres de la Ciudad de México y someterla a un nuevo proceso de extradición.

Estados Unidos no cedía en su propósito de tener a María Antonieta. Y lo logró, La Generala fue extraditada el 10 de agosto de 2007. Después de varios años, la mujer volvió a Texas.

Esta y otras historias están tejiendo su propia antología en torno de la narco violencia, más allá de todas las vidas que se han perdido en esta guerra, es interesante conocer la psicología de estos personajes, que se convierten en sádicos asesinos y asesinas por el control de ese jugoso negocio.

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