Hambrientos y nerviosos.

Así es como el PAN en un acto de desesperación por no verse ridiculizado ante los adversarios de las otras fuerzas políticas en la candidatura por el gobierno del Distrito Federal, lucieron cuando nombraron a Miranda Wallace para que les represente.

La imposición de la misma acabo por fragmentar los sectores más tradicionales del PAN, aquellos pocos que todavía creen en los procesos de selección de su partido.

No esperaba menos de la derecha mexicana, pero contribuir con el retroceso con tal de atascarse el poder es una sandez. Las declaraciones de Wallace le han dado pie al descontento, no sólo de varios sectores del Panismo, sino de la ciudadanía en general, por que pronunciar como práctica criminal, el derecho a decidir de las mujeres siendo mujer y reprobar las uniones de los homosexuales, siendo éste un sector vulnerable de la población por la discriminación, resumen en el discurso de Wallace dos palabras: machismo y homofobia un claro incentivo de una mentalidad retrograda.

Debido a sus mensajes, el oficialismo del PAN echo andar una “Operación Cicatriz” la cual, trata de educar a su apolítica representante en el DF, llenándole de documentos básicos del panismo ya que recordemos era una activista social, más no una política, que aunque en éstos tiempos cualquiera con hambre de poder, puede serlo, aunque no conozca nada de las bases de un partido ni de los entornos políticos, sin embargo existe un abismo entre ambas cosas.

Wallace, la sombra…

Ya no queda nada de aquella líder social, ahora es parte del mismo sistema político que cuestionó por años, que cuyas fallas y deficiencias, terminaron con la vida de su hijo. Aquí esto lo despreciable en Wallace, lucrar con la muerte de un hijo. Ahora en el hambre de poder, se mordió la lengua  que hace mucho parloteó  jurando, jamás aceptaría un cargo público o de elección popular, porque aquello acabaría con su causa (se le acabo el luto yo creo).

Así el oportunismo en su máxima expresión se hizo presente, aquel que deja ver a una Wallace a la que el partido le importa poco, pues ella misma asegura que de haberle ofrecido el miso cargo PRI o PRD, lo hubiese aceptado.

Wallace dejo a un lado la responsabilidad que los líderes sociales tienen, aquella que hace valer las voces de la ciudadanía, ahora suprimió su lucha, debilitó su causa. ¿De verdad fue una líder social? Yo creo que no, quien busca espacios para venderse al mejor postor político, no merece llamarse activista, quien lucra con lo más preciado que es la familia te da la gran expectativa de lo que podría hacer contigo como ciudadano. Si vende su “causa”. ¿Qué esperan los capitalinos?

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