Josefina no es diferente, es indiferente

La candidata del PAN a la presidencia, Josefina Vázquez Mota se ha jactado una y otra vez de ser una mujer y política, diferente; no obstante, el discurso que proclama está a “años luz” de ser congruente con sus actos.

A lo largo de su trayectoria, Vázquez Mota ha dejado mucho que desear. En la SEP no alcanzó algo significativo, de hecho logró nada; sin embargo, durante su transcurso por la SEDESOL obtuvo mayor éxito, desafortunadamente fue personal.

En 2006 cuando era titular de la Secretaría de Desarrollo Social, desvió cuantiosos recursos del Programa de Vivienda Rural que serían destinados a la población de la Sierra Tarahumara a la campaña del entonces aspirante a presidente, Felipe Calderón, situación que la comenzó a posicionar en “el ojo del huracán” y la mostró como una persona insensible a las carencias de los ciudadanos y de “los que menos tienen”.

Posteriormente, Josefina llega por la vía plurinominal a la Cámara de Diputados, pero fiel a su principio de nulo compromiso, tuvo más del 90% de inasistencias a las votaciones en el Congreso, como lo dejara entrever Ernesto Cordero en los debates internos del PAN, situación que la ahora candidata, prefirió evadir.

En resumen, se puede afirmar que el paso de la aspirante panista por la política mexicana ha sido gris, como lo ha sido el desempeño de su partido en el gobierno desde que llegó al poder, ejemplo de ellos son el mandato de un poco elocuente Vicente Fox, marcado por sus constantes yerros, y el sexenio de un encaprichado Felipe Calderón en “su lucha” contra el crimen organizado.

La constante en la cúpula panista son los errores que cometen y también la falta de aceptación de los mismos, es decir, una característica del Partido Acción Nacional es que nunca admiten ser los responsables de las situaciones sino son víctimas de ellas.

Lo anterior se ve reflejado en la trayectoria de Josefina Vázquez Mota y asimismo en su campaña electoral, la cual parece ser una fusión entre los gobiernos de Fox y Calderón, retomando del primero sus reiteradas pifias, entre las que destacan su estado inconveniente durante una entrevista telefónica, un estadio vacío durante su toma de protesta, sus insultos a la UNAM, su imperfección porque estudió en la Ibero y la más reciente, su propuesta del fortalecimiento al lavado de dinero; del segundo retoma sus estrategias fallidas como la de seguir la “guerra” contra el narco y algunos programas para tener “contacto” con la ciudadanía.

Es decir, al igual que sus compañeros de partido, Josefina no es diferente, es indiferente a sus traspiés y fracasos, y claro, a la situación del país, llevándola al punto de atribuirlos a diversos actores: políticos, periodistas, redes sociales, etc., pero jamás a sí misma ni a sus propios actos, mucho menos a su carencia de liderazgo y conocimiento de la realidad en México, a su discurso acartonado y aburrido, a su poco control de los eventos masivos, a su falta de ética con su labor como servidora pública, entre otras vicisitudes que podrían ser consideradas como “autogoles”.

Esta situación la ha llevado poco a poco “a la lona”, de la cual será muy difícil que se levante al menos que recurra a la estrategia que en su momento utilizó Felipe Calderón, el fraude electoral, y hasta en eso tampoco sería “diferente”.

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