A un año del atentado en Casino Royale… ¿dónde está la seguridad prometida?

El día de mañana se cumple el primer aniversario del atentado contra el “CasinoRoyale” de Monterrey, Nuevo León, donde 52 personas perdieron la vida después de ser objeto del narco terrorismo cuando un grupo armado lo atascó con gasolina y granadas.
Podría pensarse que a un año de la masacre algunos responsables estarían presos, o al menos en proceso judicial, sin embargo las cosas son desafortunadamente, muy distintas. Como siempre, quienes pagaron las cuentas fueron las víctimas y sus familiares, a quienes nadie ve ni escucha. Tanto el dueño del casino, como los responsables del atentado, se encuentran libres.
Además, la historia de esta masacre tiene irregularidades innegables, como el hecho de que la PGR deslindara de toda responsabilidad a los gobiernos locales por considerar que el inmueble no era inseguro, y que ello no influyó en la muerte de las víctimas. Poco después de hacer esas declaraciones, por arte de magia comenzaron a aparecer los responsables.
Asimismo, el gobernador de Nuevo León pareció no atender con la gravedad que merecía el asunto, y mejor se dedicaba a twittear felicitaciones y reconocimientos, mientras el presidente Calderón se sentñia cada vez más motivado a continuar la lucha contra el narco.
A la fecha, y sin importar lo sucedido, todavía es sencillo para los empresarios montar un casino sin mayor problemática, a pesar de intentos de varias organizaciones de impedirlo, y para los narcos sigue siendo igual de fácil hacer un caos de la ciudad en el momento en que quieran hacerlo.
Todo esto nos hace pensar en la impartición de justicia en México, y si en verdad ésta es “ciega”, como se supone debería de serlo. En primer lugar el primero en ser castigado o investigado debió ser el empresario que por una cosa u otra, provocó el ataque, cosa que nunca se hizo pues el empresario es quien menos sufre por el incidente; y en segundo, es preocupante que un año después, las condiciones de seguridad en la entidad y en el país en general, no hayan mejorado siquiera un poco.
Ni Felipe Calderón ni su estrategia pudieron parar el problema, a pesar de los esfuerzos, y eso indica que hay fallas y omisiones. Por si fuera poco, los deudos de las víctimas son los que pagan las consecuencias de todo esto al no recibir indemnización, ni atención satisfactoria, ni siquiera una disculpa o algo que, como si se pudiera, aliviane el sentir de las familias.
No obstante, esta es una guerra que continúa aunque ya se perdió. Si no la hubieran perdido no seguiría habiendo asesinatos al por mayor cada día, y nuestra seguridad, realmente existiría.
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