El caso “Lazca”, el colmo de la política ficción.

Ya todos conocemos la fantástica  historia donde la marina mexicana abatió valientemente al líder de la organización criminal “Los Zetas”. Y si todos la conocemos, es de hecho, porque esta historia se ha transformado rápidamente casi en un anuncio propagandístico que le cayó muy bien al gobierno panista a unos días de ceder la presidencia, como logro máximo, y “para cerrar con broche de oro”.

Aunque todo empezó con especulaciones, la muerte y posterior robo del supuesto cadáver de “El Lazca” ha servido  como un punto de referencia de la guerra contra el crimen organizado que inició Felipe Calderón. Obviamente, el futuro ex presidente necesita un trofeo para presumir, y ya lo tiene, pero ¿y el cadáver dónde está? ¿Dónde están los efectos del certero golpe que la muerte de Lazcano hubiera significado para la estructura criminal de Los Zetas?

Aquí las cosas adquieren sentido pues de inmediato podemos pensar que la supuesta muerte del capo es una mera pantalla para que el calderonismo justifique plenamente las acciones del sexenio, a través de la muerte de una figura tan fundamental como es Heriberto Lazcano Lazcano.

Este “golpe” a Los Zetas, entonces, sería lo que todo México estaría esperando para disfrutar de avances en materia de seguridad y disminución en la violencia. Sin embargo, es un error pensar que con la muerte de El Lazca, se acaban Los Zetas. Ya hemos visto a lo largo de 12 años que a pesar de que hay grandes capos que son capturados (con el claro ejemplo del “Chapo” Gumán a la cabeza), las estructuras del crimen organizado permanecen intactas:

“(…) una característica más del grupo criminal (Los Zetas) es que su organización interna no es estática. En su libro El verdugo de hombres los analistas estadunidenses George W. Grayson y Samuel Logan sostienen que los continuos cambios en la estructura de asignación de operaciones impiden a las autoridades “identificar a los criminales que están a cargo de una plaza, ciudad o estado, lo que complica los planes para rastrear, emboscar y capturar a jefes de medio pelo” (1). 

Si lo anterior es verídico, por más jefes de plaza, capos y sicarios que sean encarcelados, el narcotráfico seguirá su tranquilamente su curso, pues es ya una regularidad que dentro de los cárteles los liderazgos sean temporales, y por tanto, las estructuras, aunque se mantienen firmes, son dinámicas en su interior.

En este sentido resulta absurdo creer que con la muerte de El Lazca, por más poderoso que haya sido, afecte realmente la estructura interna de los grupos criminales. Su muerte, entonces (de ser cierta), es una forma más de propaganda. Si se exalta el “logro”, si se pretende hacer creer que las cosas cambiarán radicalmente a partir de este evento, si se engaña a la población aseverando algo que no se tiene… eso es propaganda pura, pero de la más corriente, la que no presenta siquiera alguna prueba para justificarse, la que más hace daño.

El gobierno por su parte, se ha esmerado estos días en aclarar confiadamente (a pesar de que “se lo robaron”) que el cuerpo sí era de Lazcano, y peor aún, que este hecho significará el declive del crimen en nuestro país. No hay nada más falso, sabiendo que el crimen organizado no depende ni se sostiene en una sola persona, sino que es un sistema complejo que satisface ciertas necesidades de la población (demanda de drogas), y que de hecho, al verse “descabezado” no disminuye su presencia violenta, sino que al contrario, por la disputa de plazas y de escaños en el poder, las luchas se vuelven más violentas, más sanguinarias y lamentablemente tienen un alcance cada vez mayor.

Lo que viene, tras la supuesta muerte de El Lazca, es evidentemente una reorganización interna de Los Zetas, que traerá consigo violencia, pues está en juego dinero y poder. Lo lamentable, como decíamos, sería que esta violencia, de por sí ya desmedida, alcance al sector civil que nada teme y nada debe.

Mientras tanto, el gobierno federal sigue ensalzándose con el gran logro realizado, sin saber (o sin reconocer) que esto traerá una radicalización en la difícil situación cotidiana de la mayoría de los mexicanos. Si Calderón acudiera personalmente a las comunidades donde predominan estos grupos, confirmaría que las cosas van en retroceso y que la estrategia de seguridad sólo sirvió para volver a México más inseguro.

Lamentablemente, no sucederá. Nuestro presidente nos deja en la inseguridad y él se va a vivir toda una vida pagada con el dinero de nuestro esfuerzo. Queda en nosotros tomar conciencia y aceptar las verdades, o saber distinguir las mentiras…

 

(1) 
http://www.ciudadypoder.com.mx/index.php?option=com_k2&view=item&id=56714:a-pesar-de-la-presunta-muerte-del-%E2%80%98lazca%E2%80%99-sigue-firme-toda-la-estructura-%E2%80%98zeta%E2%80%99&Itemid=591)

 

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