En 12 años, la justicia se nos fue de las manos…

Los últimos dos sexenios han significado para México un parteaguas en cuanto a la concepción de política y sobre todo en la impartición de justicia a nivel federal, pues es en éste ámbito donde más irregularidades ha habido, y justamente eso se relaciona con el equilibrio y legitimidad del gobierno en curso.

La impartición de justicia durante éstos 12 años, si de por sí estaba severamente dañada, con poca confiabilidad, hoy en día ha llegado a un punto donde ya nada es creíble. Tras la fuga de cientos de reos de prisiones locales y federales, desde ex funcionarios ligados al crimen organizado hasta grandes capos de la droga como “el Chapo” Guzmán, pasando por sicarios y reos comunes, la justicia en México parece no existir, o al menos no para aquellos que tienen los medios para zafarse de ella.

Como sabemos, la corrupción domina cada uno de los ámbitos de la vida pública en nuestro país, y las cárceles no son la excepción dado el alto grado de criminalidad que allí se concentra y las pocas atenciones brindadas por parte del gobierno federal para asegurar su correcto funcionamiento. Dentro de ellas, el poder no lo ejerce el Estado sino las bandas criminales que operan impunemente imponiendo leyes y métodos propios de “impartir” justicia. Quien tiene recursos o influencias, tiene garantizados privilegios dentro de prisión y también la posibilidad de huir mediante prácticas corruptas que no involucran sólo a custodios y reos, sino que tienen que ver con toda la estructura de justicia.

Lamentablemente, esta situación ha llegado a afectar no sólo las penitenciarías, de hecho las han trascendido. Hoy en día es común enterarse de criminales que lo mismo se fugan de penales de alta seguridad, como de hospitales e incluso, en los casos más ridículos y asombrosos, de funerarias y forenses… El caso más sonado, el del “Chapo”  Guzmán, quien se fugó fácilmente del penal de más alta seguridad en el país, es quizás el ejemplo más claro de la impunidad. Con la reciente desaparición del cuerpo de “el Lazca” , la credibilidad llegó a un punto mínimo al rayar en lo ridículo las declaraciones oficiales. Quien tiene recursos, tiene la libertad comprada…

“Las opiniones de la sociedad civil no han hecho esperar y evidentemente muestran un rechazo profundo a las instituciones de justicia mexicanas y una desconfianza generalizada, justo lo contrario de lo que Felipe Calderón declara y asegura en sus discursos oficiales. A pesar de la realidad evidente, Calderón ha negado siempre que haya fallas o vacíos en las estrategias aplicadas por él mismo y en vez de reconocer tomar medidas para enmendarlo, se esconde tras una pantalla de mentiras” (1).

De hecho, en una ocasión Calderón, muy quitado de la pena, aseguraba en twitter que la fuga de reos en Piedras Negras ocurrida hace unos meses no le correspondía, que aquello era responsabilidad de los gobiernos locales y que el gobierno federal por su parte, había hecho su trabajo a la perfección. ¿Les parece que esa es la actitud de un gobierno incluyente y preocupado por el desarrollo de las instituciones que supuestamente desarrollan a México? ¿Acaso un gobierno federal puede siquiera pensar en que algo no le corresponde, sólo por pertenecer a una división diferente?

Lo que está claro es que los 12 años de panismo se caracterizaron siempre por una indiferencia hacia los problemas que realmente necesitaban atención y planeación, para otorgar toda su atención a los círculos empresariales. Aunque es verdad que hubieron acciones benéficas, siempre éstas fueron pensadas en beneficio de los empresarios y no de México. Y es en este sentido en el que el problema de la impartición de justicia adquiere mayor relevancia, pues esta misma indiferencia de la que hablamos ante los problemas nacionales es la que mantiene a las estructuras políticas estáticas sin poder progresar ni ser realmente efectivas en su funcionamiento.

Un Estado que combate al crimen de manera tajante y contundente debería en teoría tener un plan estratégico para garantizar la readaptación de los presos (si es que ese es el objetivo de su encarcelamiento). Al contrario, lo que sucede es que se inicia una guerra mal planeada y se encarcelan infinidad de personas, a pesar de la crisis carcelaria. Después, como “solución” al problema de la sobrepoblación y la urgencia demás lugares para más reos, se construyen más cárceles, pero en ningún momento se generan reformas ni iniciativas para transformar un sistema de justicia en crisis. Es más, en lugar de atenderlo desde el gobierno, Calderón prefirió otorgar concesiones a empresas extranjeras que ya construyen los primeros penales privados en México, cediendo así la responsabilidad del Estado, a manos privadas.

Curiosamente todas las fugas y demás irregularidades se dieron en mayor medida durante los 12 años de gobiernos panistas; de igual forma la desconfianza en las instituciones se generó a raíz de éstos y más ejemplos de corrupción, dejando así a la política mexicana en una situación un tanto increíble, donde ya no sabemos si confiar en un policía, en un funcionario o en un presidente.

¿Crees que la justicia mexicana tenga aún indicios de credibilidad, a pesar de 12 años de ineptitud política?

(1) http://www.sinembargo.mx/15-10-2012/395001

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¿Quién comanda realmente la guerra contra el narcotráfico?

A raíz del misterio y la confusión que envuelve el caso de la supuesta muerte de Heriberto Lazcano Lazcano, “El Lazca”, en todo México se han suscitado interrogantes sobre la veracidad de la muerte del líder máximo de los Zetas, y aún más, sobre la autenticidad de la guerra contra el narcotráfico que emprendió Felipe Calderón durante su sexenio.

A pesar de que las pruebas de que esta guerra es inútil, obsoleta y francamente absurda son más que evidentes, el gobierno federal la ha mantenido como un estandarte del cual enorgullecerse y ha continuado con ella como si fuera en realidad una opción viable y que atienda al fenómeno en su totalidad.

En la cotidianidad, en la de los mexicanos comunes, esta guerra se vive con tensión social y aumento de la violencia, es decir, una disminución en el índice de calidad de vida dentro de la sociedad. Sin embargo, aunque a todas luces es una estrategia ridícula, para los más altos intereses del gobierno estadounidense parece ser plenamente justificada. Es entonces el gobierno mexicano el que ofrece todas las condiciones para que ésta estrategia fallida se realice, en un afán entreguista y servicial que lo ha caracterizado.

Cuando Calderón se refería a las muertes de inocentes y al aumento de la violencia como “daños colaterales” de esta guerra, parece que no lo hacía sin pensar, pues en efecto, todo es parte de un ambicioso plan que ni siquiera fue planeado por el gobierno mexicano, sino por los E.U.A.

Aún cuando el presidente Calderón pueda dar miles de razones de carácter moral y ético para justificarse, cada vez nos queda más claro que las verdaderas razones ésta absurda estrategia son quizás las mismas que impulsan la ocupación de Irak o Afganistán, es decir, el dinero, el control y el poder.

En síntesis, la guerra contra el narco de Calderón, su máximo logro, es tan sólo una parte de un negocio que pretende obtener ganancias millonarias incluso por sobre la seguridad de toda una nación. La venta de armas, el millonario tráfico de drogas hacia Estados Unidos, la militarización como pantalla de engaño, son ejemplos del porqué de ésta guerra inocua.

En este sentido, para que el negocio funcione para el vecino del norte, parece que el plan ha sido desestabilizar a México para simular una cruenta y dura lucha contra los cárteles que llevan la droga a E.U. Esto, obviamente justificaría la movilización del ejército estadounidense en México y consecuente militarización, así como la intromisión de aquel país en asuntos de interés nacional, con el pretexto de que el problema es internacional.

Quizás la idea de “invasión” como tal suene un poco increíble para el mexicano que conoce las invasiones realizadas por E.U.A. en Medio Oriente, sin embargo al tratarse de una invasión más o menos progresiva, sus efectos no son muy evidentes. El papel de Estados Unidos en la guerra del narco sería fundamentalmente infiltrar a su personal en operaciones de inteligencia (como lo vimos, por ejemplo, en el caso del atentado contra marines en la carretera a Tres Marías) y de esa forma incrementar el control en los mismos procesos.

Un punto más para pensar en la intromisión extranjera en la estrategia de seguridad calderonista es que desde México hacia el sur, se está forjando una red militar por toda Latinoamérica. En los países sudamericanos el problema de la droga también es preocupante (aunque, salvo en Colombia, no se ha llegado a un grado tal de violencia). Sin embargo, la red militar no protege a los países de los cárteles, ni busca la seguridad internacional, sino en esencia, busca la obtención de ganancias, producto de la venta y distribución de armas y drogas, en su mayoría.

Lo lamentable del asunto es que el propio gobierno mexicano está del lado de las obscuras intenciones. No por nada Calderón, apenas llegó a la presidencia puso en marcha el plan llamado “México 2030” que prometía entre otras cosas, mayor apertura al libre comercio y la disminución de seguridad arancelaria entre los países, así como la privatización de varios e importantes sectores económicos. ¿Les dice algo el plan Mérida? Obviamente, es un ejemplo más del entreguismo indiscriminado que calderón y su gobierno tuvieron (y tienen aún) con intereses muy distintos a los del pueblo mexicano.

La militarización, entonces, es la falsedad máxima donde se engaña al pueblo con la promesa de seguridad, de combate al crimen, aunque en la realidad, su objetivo sea únicamente el de preparar el escenario para una intervención abierta y descarada.

De hecho, diversos políticos de peso en México, han afirmado justo lo anterior, que la guerra contra el narco es falsa y sólo justifica una intervención estadounidense. Esto, nos hace pensar que la crisis política y social por la que atraviesa nuestro país no es para nada una equivocación, ni es producto de la violencia misma, sino que al contrario, es resultado de un pésimo manejo de parte del gobierno y porque lamentablemente, más de la mitad de los mexicanos aún viven en la pobreza.

Esta guerra tampoco es producto de la incesante demanda de drogas generada por el país del norte, sino de hecho, se esmera en mantener el negocio internacional de las drogas en su auge, y no es para menos pensarlo dado que es el país más poderoso del mundo, y el nuestro tiene el gobierno más débil y entreguista de los últimos tiempos.

No sorprende entonces ver que Calderón invite a empresas voraces a ocupar territorio mexicano, ni que se ofrezcan todas las facilidades para que el gobierno estadounidense ingrese y modifique estatutos de acción mexicano. Quizás, en este sentido, la sospechosa muerte de “El Lazca” sea una mentira más para confundir, y creer que México se queda desamparado y necesita ayuda urgentemente…

 

 

Creación de penales privados, la nueva forma de lavarse las manos…

Hace unos días Felipe Calderón inauguró en Sonora el primer penal federal financiado con inversión privada de México, y es tan sólo el primero de un total de 20 que se construirán como mínimo.

El hecho de que haya un penal privado en México sorprende, pues significa claramente que el sistema de justicia federal instaurado no funciona como debería, y que gracias a ello surgió la necesidad de buscar otras alternativas, como es la instalación de penales privados. La solución de Calderón no fue fortalecer o analizar y mejorar el sistema de justicia, sino ceder la responsabilidad a otros, más dispuestos y capaces.

Y la verdad no es para menos. La realidad de nuestras cárceles es realmente indignante, y a lo largo de éstos 6 años se ha vuelto casi intolerable. Hace unas semanas se fugaron 134 reos del CERESO de Piedras Negras, Coahuila, y han habido innumerables fugas durante los sexenios panistas. Además, todo México sabe que muchas de esas prisiones están literalmente controladas por el crimen organizado y por la corrupción, lo que es una clara muestra de la ineficiencia del sistema penal.

Si para las muchas limitaciones en la mente de nuestro presidente, y en la impartición de justicia la única solución fue “pedir ayuda” a la inversión privada, en vez de mejorar, habla también de una mediocridad política inigualable. Aún a sabiendas de que fue la misma guerra emprendida por el gobierno federal contra el narcotráfico ha llevado las cosas a tal nivel, la presidencia no acepta su responsabilidad, y prefiere atraer capital privado, cobijado en la idea de que ayuda a la economía, pues generó inversión y empleos.

Lo preocupante aquí es que México acaba de abrirse al mercado de los reos, evadiendo responsabilidades presentes y futuras, dejando todo en manos de empresarios que si bien pueden ofrecer un servicio eficiente en cuanto a evitar fugas y desmanes dentro de las cárceles, por lo único que velan es por la ganancia. Es decir, un empresario no tendrá la intención de mejorar y rehabilitar a los reos, como pudiera tenerlo un gobierno comprometido, sino primordialmente tendrá la intención de obtener ganancias.

¿Dónde quedará entonces la voluntad de que los delincuentes se rehabiliten y se reincorporen a la sociedad productivamente? Si actualmente dentro de las cárceles los reos “compran” comodidad y jerarquía, ¿quién regulará la situación si sucediera dentro de un penal privado? ¿Quién controlará que estén libres de corrupción y de violencia, cuando podrán regirse bajo sus propias reglas?

Lo que al parecer se le olvidó al presidente fue justamente esa regulación tan necesaria cuando se dan concesiones a empresas privadas en asuntos del Estado, pues no sólo se trata de construir y ceder el poder, sino de una planeación estratégica y conjunta que evidentemente Calderón pasó de largo. Claro está, si no existe una planeación en el sistema penal federal, menos la habrá cuando hay dinero de por medio, y esa siempre fue una característica del gobierno panista: el entreguismo irracional y la poca conciencia de sus actos.

Alguna vez Calderón tuiteó lo siguiente:  “En los últimos 6 años se han fugado más de 1000 reos de penales estatales.  De los penales federales ninguno”. ¿No creen que es una forma de “lavarse las manos” y evadir la responsabilidad de su mediocre gobierno? Como esto, así como le echa la culpa a los demás, a pesar de su posición como presidente de la República, de la misma forma se entrega el poder y la responsabilidad a manos de… quién sabe quien…

Felipe Calderón: el empresario de México

¿Qué será de Felipe Calderón tras dejar la presidencia de México? Es una de las preguntas más sonadas últimamente, no tanto porque en verdad nos interese la vida de quien dañó como nunca al país, sino para ver si su congruencia y el compromiso por México que tanto difundió durante 6 años, es verdadero.

Hace unos días, el presidente declaró que no descarta convertirse en empresario, y no sería sorprendente dado que su verdadero compromiso siempre ha estado con la iniciativa privada. A pesar de su casi ciega confianza en las empresas, las cuales según él producen 8 de cada 10 empleos en el país, es evidente que el modelo y sobre todo las concesiones y beneficios que la presidencia dio a las empresas, no fueron para nada la solución prometida.

Incluso, Calderón declaro: “Lo digo con toda convicción: he sido un Presidente que ha apoyado a las empresas”. No queremos decir que tenga algo de malo apoyar a las empresas, pero cuando se descuidan casi al nivel de la indiferencia los problemas que realmente requieren atención, surge el problema. ¿Porqué apoyar a unos (por cierto, muy beneficiados) más que a otros?

Además, como decíamos, el hecho de que Calderón posiblemente se vuelva empresario (como quizás siempre lo fue) nos dice nada menos que su compromiso fue casi exclusivamente con el sector empresarial. No hablamos de las pequeñas y medianas empresas formadas por familias o asociaciones reducidas, sino del gran capital, aquel que desafortunadamente muchas veces es tan ambicioso que  hará lo impensable para obtener más y más ganancias.

Es el caso, por ejemplo, de la entrega indiscriminada que en un momento hizo el gobierno federal a empresas canadienses del territorio sagrado de los huicholes, “Wirikuta”, o los planes de urbanización de una importante reserva ecológica en Cabo Pulmo, Baja California. Es ese sentimiento de apropiación y de explotación lo que realmente daña a México, y si tenemos un presidente cuyo sueño dorado es obtener el éxito a través del dinero, y si esa mentalidad impera en cada ciudadano, no sorprende entonces que estemos como estamos.

No pretendemos decir que la mentalidad empresarial sea mala o dañina, sino el hecho de que la obtención de una ganancia, sea cual sea el medio que haya que utilizar, aunque sea la destrucción de la naturaleza misma, sea lo fundamental y se vuelva una prioridad para el gobierno y para todos.

Mientras tanto, al presidente parece urgirle ya irse para comenzar su negocio, que seguramente y sin duda, intentará por todos los medios, incrementar el ego de los Calderón.

¿Y los derechos humanos apá?

A propósito de la agresión que el Estado Mayor Presidencial realizó contra un joven que se expresaba contra Felipe Calderón y su sexenio de injusticias, creemos que es menester hablar de la labor de este gobierno en cuanto a respeto y garantía de los derechos humanos, y los avances que ha habido en ello.

El hecho de evaluar a Calderón en este rubro nos remite de inmediato a lo evidente, es decir, a la guerra contra el narcotráfico.Hay opiniones encontradas sobre si esta guerra es una necesidad, o más bien una necedad del gobierno federal para justificarse. De cualquier forma, la estrategia calderonista dejó como mínimo 70,000 muertos y además, una innumerable cantidad de violaciones a los derechos humanos.

Las cifras oficiales de organismos internacionales como “Amnistía Internacional” detallan que además de la brutal violación de derechos humanos que se da en el marco de la estrategia de seguridad, hay otra parte muy importante y muy poco atendida en los últimos años, como es la violación de derechos de mujeres, indígenas, migrantes y demás minorías no privilegiadas. Además, las miles y miles de vejaciones a que son expuestos, por ejemplo, la mujer en su derecho reproductivo, los reos en las cárceles, así como los frenos a la libertad de expresión y libertad económica, son prueba inequívoca de ello.

No sorprende que el diagnóstico sea negativo y desesperanzador en su totalidad . A pesar de que han habido intenciones claras de mejorar las cosas, como se hizo en 2008 con la reforma en la que se establecía la garantía de los derechos humanos en todas las cárceles del país, los resultados no son palpables. Qué decir en cuestión de respeto a la mujer, al indígena y al migrante…

Pero ¿cuál es el motivo del fracaso de todas estas políticas? Sin duda, la mala planeación que realizó el gobierno de Calderón al respecto es uno de los puntos fundamentales de su fracaso. Si a esto le aunamos la propia cultura del mexicano que no le permite salir de las prácticas corruptas, entendemos el porqué del vacío que existe en esta materia.

Está claro que el problema del narco es esencialmente social y no sólo jurídico, como la Presidencia lo manejó, y ya lo hemos dicho. Si en vez de implementar únicamente políticas de seguridad y militarización del país, hubiesen habido también políticas de concientización, los resultados hubieran sido muy diferentes. En este sentido, la participación de la sociedad civil es fundamental pues es de ella de donde emanan las verdaderas transformaciones. Es decir, si los derechos humanos se respetaran desde casa, sería mucho más sencillo para un gobierno asegurar su cumplimiento institucional, pues la mayoría de sus elementos seguirían sus propios principios, en lugar de seguir simples órdenes.

¿Cómo calificar entonces a Felipe Calderón en materia de derechos humanos? La respuesta es obvia y clara: muy negativamente. Hay miles de muertos resultado de una mala planeación estratégica, decenas de periodistas han sido asesinados o amenazados, y mientras tanto, el gobierno insiste en ocultar la realidad. En el marco cultural, tampoco hubo grandes avances, si pensamos en que se implementaron muy pocas (o ninguna) medidas de concientización y prevención entre la sociedad civil. Asimismo, la organización y movilización de la sociedad misma, es casi inexistente.

La última obsesión de Felipe Calderón: Reforma Laboral

Ya se va Felipe Calderón pero no quiere dejar la presidencia sin “cerrar con broche de oro”, y eso significa hacer las cosas al último minuto y como él lo dice, y no cuando en verdad se necesitaban, sólo para dejar una buena impresión entre los mexicanos, después de haber inmerso al país en un caos.

A lo que nos referimos es a la reforma laboral, que Calderón pretende aprobar obsesivamente a pesar de que son muy pocos ya quienes apoyan todavía al PAN y su proyecto. Además, durante todo el sexenio nunca vimos un interés verdadero en la dichosa reforma. ¿Porqué debían de interesarse ahora?

Esto es evidentemente una violación a la ética política, pues Felipe se muestra necio por que la reforma laboral se apruebe mientras dure su mandato, y no después, para poder gozar de los beneficios del supuesto éxito que le dará su aprobación. Este hecho, además, resulta abusivo por parte del mandatario, pues en apariencia esta reforma laboral beneficiará a los trabajadores, pero en la práctica, como siempre, resulta hipócrita pues los grandes beneficiados serán las empresas, a costa de los empleados.

Y, claro está, los perjudicados son los trabajadores que se mantienen día a día, pues para ellos no hay siquiera la atención necesaria en cuanto a seguridad social y de retiro, por lo que esta reforma resulta inútil y obsoleta, al menos para ellos. Con el servilismo de Calderón hacia las empresas, los juicios que éstas podrán realizar en contra de sus empleados durarán menos (para reducir gastos), mientras que el trabajador deberá seguir pagando.

Dicen algunos que Calderón pretende dejar la política mexicana en caos, como venganza por haber perdido la presidencia para su partido. Sin embargo el problema va más allá pues el costo social y político de la aprobación de una reforma como ésta, sin un análisis profundo, sería precipitado.

En primer lugar, aprobar una ley que es impulsada sólo por la obsesión y necedad del presidente más inepto de la historia de México, es peligroso e incluso ridículo, pues sería condenar al país al fracaso, al desorden y a la irritación social, pues a todas luces es una ambición con intereses ocultos, pero bien establecidos: los empresarios. Por otro lado, políticamente sería ridículo aprobarla y dejarle al nuevo gobierno un país sesgado por acciones torpes y precipitadas que sólo buscan dar legitimidad histórica a Calderón.

Como vemos, parece que Felipe está haciendo todo lo posible por dejar su huella en nuestro México… Lamentablemente para él, éste no es el siglo XV, donde la voluntad del rey se obedecía. Confiemos en el Congreso y su capacidad de frenar las absurdas propuestas de FECAL.

Si al gobierno no le salen las cuentas, es porque las manipulan

El gobierno federal deja a México inmerso en una violenta guerra que en realidad nadie solicitó, ni mucho menos resuelve lo que se supone que debería resolver, y además produce más muertos que nunca en la historia. A la fecha llevamos, oficialmente, más de 80,000 muertos relacionados directamente con la guerra contra el narcotráfico, y la cifra aumenta día con día.

A pesar de esto, y en lugar de reconocer que la realidad superó las expectativas en cuanto violencia, muerte y destrucción, el gobierno de Felipe Calderón prefiere volver a engañar al pueblo y tratar de “lavarse las manos” hasta donde se pueda.

En este sentido, hoy es bien sabido que el gobierno panista gusta de ocultar las verdaderas cifras de muertos para hacerlas quizás menos preocupantes, y así, justificar que en realidad las cosas no van tan mal. Existen al rededor de 13,000 muertos que no figuran en los números oficiales que presenta el gobierno a través del Sistema Nacional de Seguridad Pública, pero que sí aparecen en los registros del INEGI. Si el SNSP  reporta 82, 732 homicidios, el INEGI presenta 95, 632.

Cabe destacar que los homicidios a los que se refiere este conteo entran en la categoría de “dolosos y premeditados”, por lo que no entran en esta categoría aquellos que Calderón llama “efectos secundarios” de la lucha anti narco, y en cambio sí entran los que nada tienen que ver con esta guerra, es decir, los asesinatos de cada día…

Se entiende entonces que Calderón y su gobierno tratan de ocultar algo. Si no pueden ocultar la evidente y preocupante cifra de muertos que desató su estrategia, se dedican a tapar otro tipo de datos, igual de preocupantes, pero que al menos no dicen mucho sobre la fallida estrategia de seguridad.

De esta forma, las muertes serían evidentes, pero la seguridad pública, habría aumentado en relación con la guerra contra el crimen organizado. Así, Calderón podría justificar que su gobierno sí dió resultados benéficos.

Lo bueno es que todo llega a saberse, y más cuando se trata de algo tan claro, estudiado y con la vista de todos, como es la seguridad en México y la violencia extrema en que está sumergido. Parece que una vez más, Calderón fracasó en su intento de engañar a México. Lo que es evidente no se oculta: México es un caos después de Calderón.

El gobierno de las NO oportunidades

¿Alguna vez te preguntaste el porqué del auge de la violencia juvenil, los “ninis”, y sobre todo la cultura de la violencia, fomentada por diversas “tribus urbanas” que surgieron y se fortalecieron durante el calderonismo? En el discurso, Felipe Calderón habla muy confiado de haber brindado oportunidades a los jóvenes mexicanos, cosa que misteriosamente desapareció de la agenda pública después de tan sólo un tiempo.

Todo parte de algo y el narcomenudeo no es la excepción, muestra de ello es la corriente de “Burritos” o alternativamente llamados “dealers” en la zona metropolitana del país. Balaceras en antros u otros puntos de reunión de la comunidad juvenil, se dan no precisamente por riñas personales, sino casi siempre “de negocios”.

Pese a que los padres digan “tienes que salir a buscar, pues el trabajo no va a llegar a tus manos o a caerte del cielo”, lo cierto es que en el negocio de las drogas esto sí sucede. La oferta es tal, que la comercialización de ésta se ejecuta hasta dentro de las instituciones de educación secundaria.

En la educación básica, son pocos los egresados motivados a continuar en ese camino; no es justificación, pero aquellos maestros sin vocación que sólo están allí simulando, son muchas veces los frustrantes de la esperanza de crecimiento en los adolescentes, ello sumado a las raíces ya sembradas en casa.

Según el INEGI, en pleno siglo XXI, el nivel de estudios en México no supera el segundo año de secundaria. Para el adolescente, un trabajo con una remuneración decente bajo dicho nivel, será muy difícil de hallar y mucho menos la manutención por parte de alguno de los padres, sobretodo en los barrios de clase media baja y baja.

Sin embargo, la oferta del dinero fácil si llega y la crisis económica que atraviesa el adolescente, sumado a los problemas de identidad social construida a partir de enfoques culturales severamente deteriorados la hacen aún más atractiva.

La promesa de “un padrino” bien posicionado en el gobierno que los protegerá en caso de detención, el silencio e indiferencia condicionada de las policías municipales, la aparente popularidad y reconocimiento por parte de la comunidad de su mismo perfil y la comodidad de un sistema de empleo Home-Office capturan el interés de una persona sin sol ni sombra.

Fortunio o desfortunio nada es como lo pintan, y es precisamente el último eslabón de la cadena de distribución el que acata mayormente las malas jugadas de este negocio. Más allá de lo que les ofrecen en principio, la realidad es que estos jóvenes se vuelven conejillos de indias de las autoridades y chivos expiatorios de mandos superiores del crimen organizado.

¿Pruebas? El 10% de la población total del Centro de Internamiento para Adolescentes en Conflicto con la Ley se encuentra privado de libertad por Delitos contra la Salud (http://www.cronicadelpoder.com/seguridad-publica/201104/10-de-menores-infractores-por-delitos-federales) y para ejemplificar el otro lado de la moneda basta con abrir las páginas de la sección de nota roja del periódico de su preferencia para ver el asesinato de jóvenes en colonias populares por “supuestas rencillas personales”.

Cada vez más jóvenes mexicanos se suman a este círculo vicioso y las condiciones para evitarlo no han mejorado en lo absoluto, ¿Son estas las oportunidades que el gobierno de Calderón brinda al “futuro de México?

El monumento a la masacre

La próxima construcción de un monumento a las víctimas de la guerra contra el crimen organizado iniciada en el sexenio de Felipe Calderón, parece ser lo más bizarro que hemos escuchado en los últimos días por parte del gobierno federal panista. ¿Cuál es la necesidad de que el mismo gobierno que propició la extrema violencia que hoy vivimos, honre a las víctimas de su propia guerra?

El dichoso monumento será construido en algún lugar del bosque de Chapultepec, y consistirá en varias columnas de metal con los nombres de cada una de las víctimas grabados en ellas. Su costo, aún no confirmado, podría alcanzar los 200 millones de pesos. Pero el innecesario costo de este memorial no es lo que más indigna, sino el significado que adquiere en el crítico momento histórico que vivimos actualmente.

El hecho de alzar este monumento, es honrar a quien fue despojado de sus derechos más fundamentales y privado de toda libertad, voz y sobretodo apoyo y atención de las autoridades. Además, pareciera una estrategia del gobierno para intentar justificar sus terribles errores y al menos dejar una impresión de sensibilidad y conciencia.

Además, hay implicaciones mayores. La violencia extrema desatada por el gobierno calderonista debería ser respondida, al menos en una democracia sana y preocupada por sus ciudadanos, con ciertas acciones destinadas a la prevención y concientización del fenómeno. El mismo Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, encabezado por el poeta Javier Sicilia, proponía la creación de una Ley General de Víctimas que, aparte de una atención íntegra a familiares de las víctimas, permitía un mayor diálogo y una reconciliación más o menos efectiva con el gobierno, causante de gran parte del problema.

Al contrario de lo que se esperaría, el gobierno censura el diálogo, niega el apoyo a familiares, radicaliza día con día la violencia y continúa con una batalla sin sentido que claramente no alcanzará a erradicar el problema del barco, porque éste tiene la contraparte del consumo, de la demanda que nunca cesa y que muy poca atención ha recibido de parte de Calderón y su gobierno. Con todo y todo, cínicamente construirán un monumento “para limpiarse de pecados”.

Existen pruebas que demuestran que lo anterior tiene sentido. El Movimiento por la Paz asegura que como condición para el compromiso de construcción del memorial, el gobierno exigió que el concurso por el diseño del mismo se realizara en agosto (como ya se hizo), para poder inaugurarlo justo antes de que Calderón termine su sexenio y mostrarlo compasivo y comprometido.

Lamentablemente así funcionan las cosas en México. Nuestro gobierno es cobarde y mañoso, tanto que sabe muy bien la catástrofe que ocasionó en el país e intentará maquillarla.

Con nuevo avión presidencial, volamos hacia la desgracia nacional

Pareciera que al gobierno federal de Felipe Calderón le urge terminar de destruir al país en los pocos meses que le queda en el poder, como si no quisieran recuperar de ninguna forma la confianza popular que una vez tuvieron en sus manos. La nota  del día es que la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) pretende destinar 9 mil 840 millones de pesos en la adquisición de un nuevo avión presidencial, cantidad que excede casi 50 veces el precio de un avión convencional.

No descalificamos el que el presidente de la República deba tener un avión privado por cuestiones de seguridad, y que deba acondicionarlo para un mejor desempeño. Sin embargo, la cantidad señalada es excesiva al extremo, y todo con el consentimiento de Felipe Calderón.

Según la SEDENA la vida útil de los dos transatlánticos de super lujo (tipo Boeing) todavía no concluyen su vida útil, pero enfatiza la necesidad de adquirir un nuevo avión, del cual no se conoce ni marca ni modelo ni mayores detalles, pero que a todas luces será el inicio de un nuevo escándalo de desvío o pérdida de recursos.

Para contrastar la información, hemos de decir que un avión tipo Boeing nuevo muy difícilmente supera los 100 millones de dólares, aunque su precio común y comercial ronda los 45 millones. De hecho, el avión presidencial de Estados Unidos, que se supondría el más lujoso y seguro del mundo, no cuesta más de 325 millones de dólares.

¿No les parece espeluznante que tan tranquilamente el gobierno federal acepte este innecesario y ridículo gasto? Lo malo y preocupante es que para ellos es lo más normal de lo normal. Desde los coches en los que se mueve la clase política, la seguridad médica privada con la que cuenta y que usan a veces hasta para hacerse cirugías plásticas y la business class en la que vuelan, son una de las pequeñas pero lastimosas diferencias que se viven en el país.

Lo peor del asunto es que evidentemente, la aeronave será pagada con presupuesto público que todos los mexicanos tardaremos en pagar al rededor de unos 25 años la deuda de una máquina que no conoceremos, ni utilizaremos ni nos beneficia en lo absoluto.

Sin embargo, ya la SEDENA aseguró que la compra de éste avión corresponderá al próximo gobierno, osea que como quien dice, se lava las manos. ¿Qué tan exigentes tendría que un  gobierno para comprar algo que le saldría carísimo a los mexicanos? Si dividieramos los más de 9mil millones de pesos en los 110 millones de mexicanos que somos aproximadamente, nos tocaría de 89 pesos por persona. Está claro que jamás se repartirá el dinero de esa forma, pero nos da una idea de cuán benéfico sería si se utilizara para un bien común.

La pregunta queda en el aire, y quizás jamás tengamos la respuesta… ¿Qué clase de gobierno merecemos, que tan directamente se ríe de nosotros, en nuestra propia cara?