En 12 años, la justicia se nos fue de las manos…

Los últimos dos sexenios han significado para México un parteaguas en cuanto a la concepción de política y sobre todo en la impartición de justicia a nivel federal, pues es en éste ámbito donde más irregularidades ha habido, y justamente eso se relaciona con el equilibrio y legitimidad del gobierno en curso.

La impartición de justicia durante éstos 12 años, si de por sí estaba severamente dañada, con poca confiabilidad, hoy en día ha llegado a un punto donde ya nada es creíble. Tras la fuga de cientos de reos de prisiones locales y federales, desde ex funcionarios ligados al crimen organizado hasta grandes capos de la droga como “el Chapo” Guzmán, pasando por sicarios y reos comunes, la justicia en México parece no existir, o al menos no para aquellos que tienen los medios para zafarse de ella.

Como sabemos, la corrupción domina cada uno de los ámbitos de la vida pública en nuestro país, y las cárceles no son la excepción dado el alto grado de criminalidad que allí se concentra y las pocas atenciones brindadas por parte del gobierno federal para asegurar su correcto funcionamiento. Dentro de ellas, el poder no lo ejerce el Estado sino las bandas criminales que operan impunemente imponiendo leyes y métodos propios de “impartir” justicia. Quien tiene recursos o influencias, tiene garantizados privilegios dentro de prisión y también la posibilidad de huir mediante prácticas corruptas que no involucran sólo a custodios y reos, sino que tienen que ver con toda la estructura de justicia.

Lamentablemente, esta situación ha llegado a afectar no sólo las penitenciarías, de hecho las han trascendido. Hoy en día es común enterarse de criminales que lo mismo se fugan de penales de alta seguridad, como de hospitales e incluso, en los casos más ridículos y asombrosos, de funerarias y forenses… El caso más sonado, el del “Chapo”  Guzmán, quien se fugó fácilmente del penal de más alta seguridad en el país, es quizás el ejemplo más claro de la impunidad. Con la reciente desaparición del cuerpo de “el Lazca” , la credibilidad llegó a un punto mínimo al rayar en lo ridículo las declaraciones oficiales. Quien tiene recursos, tiene la libertad comprada…

“Las opiniones de la sociedad civil no han hecho esperar y evidentemente muestran un rechazo profundo a las instituciones de justicia mexicanas y una desconfianza generalizada, justo lo contrario de lo que Felipe Calderón declara y asegura en sus discursos oficiales. A pesar de la realidad evidente, Calderón ha negado siempre que haya fallas o vacíos en las estrategias aplicadas por él mismo y en vez de reconocer tomar medidas para enmendarlo, se esconde tras una pantalla de mentiras” (1).

De hecho, en una ocasión Calderón, muy quitado de la pena, aseguraba en twitter que la fuga de reos en Piedras Negras ocurrida hace unos meses no le correspondía, que aquello era responsabilidad de los gobiernos locales y que el gobierno federal por su parte, había hecho su trabajo a la perfección. ¿Les parece que esa es la actitud de un gobierno incluyente y preocupado por el desarrollo de las instituciones que supuestamente desarrollan a México? ¿Acaso un gobierno federal puede siquiera pensar en que algo no le corresponde, sólo por pertenecer a una división diferente?

Lo que está claro es que los 12 años de panismo se caracterizaron siempre por una indiferencia hacia los problemas que realmente necesitaban atención y planeación, para otorgar toda su atención a los círculos empresariales. Aunque es verdad que hubieron acciones benéficas, siempre éstas fueron pensadas en beneficio de los empresarios y no de México. Y es en este sentido en el que el problema de la impartición de justicia adquiere mayor relevancia, pues esta misma indiferencia de la que hablamos ante los problemas nacionales es la que mantiene a las estructuras políticas estáticas sin poder progresar ni ser realmente efectivas en su funcionamiento.

Un Estado que combate al crimen de manera tajante y contundente debería en teoría tener un plan estratégico para garantizar la readaptación de los presos (si es que ese es el objetivo de su encarcelamiento). Al contrario, lo que sucede es que se inicia una guerra mal planeada y se encarcelan infinidad de personas, a pesar de la crisis carcelaria. Después, como “solución” al problema de la sobrepoblación y la urgencia demás lugares para más reos, se construyen más cárceles, pero en ningún momento se generan reformas ni iniciativas para transformar un sistema de justicia en crisis. Es más, en lugar de atenderlo desde el gobierno, Calderón prefirió otorgar concesiones a empresas extranjeras que ya construyen los primeros penales privados en México, cediendo así la responsabilidad del Estado, a manos privadas.

Curiosamente todas las fugas y demás irregularidades se dieron en mayor medida durante los 12 años de gobiernos panistas; de igual forma la desconfianza en las instituciones se generó a raíz de éstos y más ejemplos de corrupción, dejando así a la política mexicana en una situación un tanto increíble, donde ya no sabemos si confiar en un policía, en un funcionario o en un presidente.

¿Crees que la justicia mexicana tenga aún indicios de credibilidad, a pesar de 12 años de ineptitud política?

(1) http://www.sinembargo.mx/15-10-2012/395001

En México no hay justicia, hay impunidad

No falta mucho para que Felipe Calderón y su partido dejen el poder en México. Como todos sabemos, fue un sexenio caracterizado por la violencia extrema, la muerte y demás circunstancias que para nada nos hacen pensar en un buen gobierno. Fosas clandestinas, encajuelados, descabezados, amenazas, asesinatos de periodistas y torturas, son lo único que podemos resaltar de este gobierno que como vemos, fue mucho más perjudicial que benéfico para nuestro país, no sólo por la radicalización de la violencia, sino porque ésta salió rápidamente de su núcleo y comenzó a afectar a la sociedad civil, que ni la debe ni la teme.

A pesar de que siempre, durante 6 años escuchamos que todo iría en descenso y que las cosas no se pondrían peor, todos comprobamos que la realidad superó nuestros miedos volviéndose más insoportable que nunca.

Vale la pena preguntarse entonces, ¿qué más podemos resaltar como lo evidente del gobierno calderonista? Podríamos decir que, a pesar de las miles de muertes, no estamos sumidos en una guerra civil ni en el caos. En todo caso, lo que impera es una suerte de mediocridad conformista que se traduce en la pasividad característica del mexicano y en el conformismo que ésta produce.

En este sentido, la idea de “justicia” e “impartición de justicia” se ve muy afectada por ese tipo de mentalidades. Es curioso que una crisis social, como la guerra contra el narco nos deje ver la mediocridad de un sistema de justicia que podríamos calificar de inútil y poco acomplado a nuestra realidad.

Mientras en las calles miles y miles se mataban, los ministerios públicos y demás instrumentos legales del gobierno, se veían rebasados, lo cual provocó que se diera cierta prioridad a algunos casos sobre otros. Esto de entrada es una injusticia, pues se supone que la ley es ciega y no debe mirar a quien obedece. De todos estos casos realmente investigados, muy pocos se han resuelto satisfactoriamente.

¿No es lo anterior casi una invitación a delinquir, con la seguridad de que no serán tocados por la ley? Ejemplos hay muchísimos y se repiten día con día… Recordemos tan sólo el asesinato de Marisela Escobedo, frente a las puertas del palacio de gobierno de Chihuahua, sin que a la fecha se haya capturado al responsable. Miles de asaltos a mano armada y asesinatos se dan a diario afuera del metro, en el camión, en el bar. ¿’Debe la población aprender a vivir con el terror?

Todos lo vivimos día tras día. Evidentemente, el gobierno de Calderón maquillará la realidad con las estadísticas que tan hábilmente manejan y manipulan, pero nadie puede negar que la percepción social es muy diferente. La impunidad la vive el ciudadano de a pie, y ninguna cifra puede hacerlo cambiar de opinión.

Está claro ahora, el legado de Felipe Calderón se llama impunidad…