¿La violencia se combate con violencia, o con inteligencia?

El pasado fin de semana se vivió en Michoacán uno de las más extremas jornadas de violencia de los últimos meses, donde hubo en total 9 muertos, y diversos ataques como granadazos, narco bloqueos, y amenazas tanto a las autoridades, como a la población civil.

El gobierno de Felipe Calderón, aunque en un primer momento pretendió hacer caso omiso de la delicada situación en su estado natal, el día de hoy mandó a más de 600 elementos de la policía federal para el supuesto resguardo de la seguridad en aquella entidad, reforzando así la llamada “guerra contra el narcotráfico” y también la tensa situación michoacana.

A poco menos de 3 meses de que Calderón deje la presidencia de México, y aprovechando lo anterior, vale la pena cuestionarse no tanto la utilidad de tal guerra, que sabemos que es casi nula, sino la lógica que siguió Calderón al comenzar y mantener una guerra que desde un principio se sabía que no acabaría ni de lejos con el crimen organizado, su poder y disputa del mismo con el Estado mexicano.

El problema del narco, evidentemente no se reduce a un grupo de criminales pervirtiendo a los jóvenes. Es un fenómeno mucho más complejo que tiene diversas dimensiones, y por lo tanto no se resuelve metiendo más y más ejército a las calles. Se comprobó en éstos 6 años que la violencia genera más violencia, por eso los más de 71,000 muertos que ésta fallida estrategia y su creador Calderón, dejan atrás.

El narcotráfico es quizás la empresa más rentable del mundo. No por nada el Chapo Guzmán se encuentra entre las personas más millonarias del mundo entero. Como toda empresa, el narco se atiene a las leyes del mercado, la oferta y la demanda. La estrategia calderonista evidentemente se enfoca únicamente al lado de la oferta, al de los productores y distribuidores de la droga, no al del consumo y la adicción, que son problemas de salud pública y que al menos en éstos 6 años, casi no vimos acciones al respecto.

Está claro que la oferta de droga existe porque también hay una gran demanda de la misma, es decir, una grandísima cantidad de personas que dependen de las drogas y están dispuestas a pagar un precio por ellas. Entonces, ¿cómo espera Calderón solucionar la problemática de la droga sin atender toda la parte del consumo de drogas? Mientras haya gente que pague por droga, inevitablemente seguirá habiendo quien vea negocio en producirla.

Desde ningún ángulo se vislumbra un correcto trabajo del gobierno federal en este sentido. Por enfocarse solamente en contrarrestar al crimen, dejan de lado la salud pública, y la única forma que ven para contrarrestar las adicciones, es creando centros de integración y limpieza, unidades deportivas, que si bien sirven de manera muy local y limitada, no alcanzan a crear las condiciones necesarias para tener un país relativamente limpio de adicciones, y por tanto, sin tanta oferta de estupefacientes.

Pero lo anterior parece no importarle a Calderón y compañía, pues él se muestra como el héroe nacional que al final tuvo las agallas para combatir a los criminales, y de hecho gran parte de la población mexicana lo ve así. Sin embargo, la estrategia debía hacerse con inteligencia y no con agallas, pues no siempre la violencia es la solución a los problemas, mucho menos en éste tipo de fenómenos complejos como es el narcotráfico.

Lo peor del asunto es el cinismo con que el presidente se muestra al respecto. Bien sabe que hizo de México todo un caos, un país inmerso en la más profunda violencia, donde el Estado ha perdido gran parte de su poder, y sin embargo para él las cosas van viento en popa. No le basta contar 71,000 muertos en su sexenio para darse cuenta que algo está haciendo mal con su estrategia de seguridad, y prefiere hacerse de la vista gorda y omitir esos “efectos secundarios”, como él les llama.

Es obvio que, una vez desatada la barbarie, tenga que recurrirse a la militarización de ciudades, como pasa en Michoacán para al menos dar una sensación de seguridad a la población que se encuentra ya desesperada.

Entonces, ¿la violencia se combate con más violencia, o no?