En 12 años, la justicia se nos fue de las manos…

Los últimos dos sexenios han significado para México un parteaguas en cuanto a la concepción de política y sobre todo en la impartición de justicia a nivel federal, pues es en éste ámbito donde más irregularidades ha habido, y justamente eso se relaciona con el equilibrio y legitimidad del gobierno en curso.

La impartición de justicia durante éstos 12 años, si de por sí estaba severamente dañada, con poca confiabilidad, hoy en día ha llegado a un punto donde ya nada es creíble. Tras la fuga de cientos de reos de prisiones locales y federales, desde ex funcionarios ligados al crimen organizado hasta grandes capos de la droga como “el Chapo” Guzmán, pasando por sicarios y reos comunes, la justicia en México parece no existir, o al menos no para aquellos que tienen los medios para zafarse de ella.

Como sabemos, la corrupción domina cada uno de los ámbitos de la vida pública en nuestro país, y las cárceles no son la excepción dado el alto grado de criminalidad que allí se concentra y las pocas atenciones brindadas por parte del gobierno federal para asegurar su correcto funcionamiento. Dentro de ellas, el poder no lo ejerce el Estado sino las bandas criminales que operan impunemente imponiendo leyes y métodos propios de “impartir” justicia. Quien tiene recursos o influencias, tiene garantizados privilegios dentro de prisión y también la posibilidad de huir mediante prácticas corruptas que no involucran sólo a custodios y reos, sino que tienen que ver con toda la estructura de justicia.

Lamentablemente, esta situación ha llegado a afectar no sólo las penitenciarías, de hecho las han trascendido. Hoy en día es común enterarse de criminales que lo mismo se fugan de penales de alta seguridad, como de hospitales e incluso, en los casos más ridículos y asombrosos, de funerarias y forenses… El caso más sonado, el del “Chapo”  Guzmán, quien se fugó fácilmente del penal de más alta seguridad en el país, es quizás el ejemplo más claro de la impunidad. Con la reciente desaparición del cuerpo de “el Lazca” , la credibilidad llegó a un punto mínimo al rayar en lo ridículo las declaraciones oficiales. Quien tiene recursos, tiene la libertad comprada…

“Las opiniones de la sociedad civil no han hecho esperar y evidentemente muestran un rechazo profundo a las instituciones de justicia mexicanas y una desconfianza generalizada, justo lo contrario de lo que Felipe Calderón declara y asegura en sus discursos oficiales. A pesar de la realidad evidente, Calderón ha negado siempre que haya fallas o vacíos en las estrategias aplicadas por él mismo y en vez de reconocer tomar medidas para enmendarlo, se esconde tras una pantalla de mentiras” (1).

De hecho, en una ocasión Calderón, muy quitado de la pena, aseguraba en twitter que la fuga de reos en Piedras Negras ocurrida hace unos meses no le correspondía, que aquello era responsabilidad de los gobiernos locales y que el gobierno federal por su parte, había hecho su trabajo a la perfección. ¿Les parece que esa es la actitud de un gobierno incluyente y preocupado por el desarrollo de las instituciones que supuestamente desarrollan a México? ¿Acaso un gobierno federal puede siquiera pensar en que algo no le corresponde, sólo por pertenecer a una división diferente?

Lo que está claro es que los 12 años de panismo se caracterizaron siempre por una indiferencia hacia los problemas que realmente necesitaban atención y planeación, para otorgar toda su atención a los círculos empresariales. Aunque es verdad que hubieron acciones benéficas, siempre éstas fueron pensadas en beneficio de los empresarios y no de México. Y es en este sentido en el que el problema de la impartición de justicia adquiere mayor relevancia, pues esta misma indiferencia de la que hablamos ante los problemas nacionales es la que mantiene a las estructuras políticas estáticas sin poder progresar ni ser realmente efectivas en su funcionamiento.

Un Estado que combate al crimen de manera tajante y contundente debería en teoría tener un plan estratégico para garantizar la readaptación de los presos (si es que ese es el objetivo de su encarcelamiento). Al contrario, lo que sucede es que se inicia una guerra mal planeada y se encarcelan infinidad de personas, a pesar de la crisis carcelaria. Después, como “solución” al problema de la sobrepoblación y la urgencia demás lugares para más reos, se construyen más cárceles, pero en ningún momento se generan reformas ni iniciativas para transformar un sistema de justicia en crisis. Es más, en lugar de atenderlo desde el gobierno, Calderón prefirió otorgar concesiones a empresas extranjeras que ya construyen los primeros penales privados en México, cediendo así la responsabilidad del Estado, a manos privadas.

Curiosamente todas las fugas y demás irregularidades se dieron en mayor medida durante los 12 años de gobiernos panistas; de igual forma la desconfianza en las instituciones se generó a raíz de éstos y más ejemplos de corrupción, dejando así a la política mexicana en una situación un tanto increíble, donde ya no sabemos si confiar en un policía, en un funcionario o en un presidente.

¿Crees que la justicia mexicana tenga aún indicios de credibilidad, a pesar de 12 años de ineptitud política?

(1) http://www.sinembargo.mx/15-10-2012/395001

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El caso “Lazca”, el colmo de la política ficción.

Ya todos conocemos la fantástica  historia donde la marina mexicana abatió valientemente al líder de la organización criminal “Los Zetas”. Y si todos la conocemos, es de hecho, porque esta historia se ha transformado rápidamente casi en un anuncio propagandístico que le cayó muy bien al gobierno panista a unos días de ceder la presidencia, como logro máximo, y “para cerrar con broche de oro”.

Aunque todo empezó con especulaciones, la muerte y posterior robo del supuesto cadáver de “El Lazca” ha servido  como un punto de referencia de la guerra contra el crimen organizado que inició Felipe Calderón. Obviamente, el futuro ex presidente necesita un trofeo para presumir, y ya lo tiene, pero ¿y el cadáver dónde está? ¿Dónde están los efectos del certero golpe que la muerte de Lazcano hubiera significado para la estructura criminal de Los Zetas?

Aquí las cosas adquieren sentido pues de inmediato podemos pensar que la supuesta muerte del capo es una mera pantalla para que el calderonismo justifique plenamente las acciones del sexenio, a través de la muerte de una figura tan fundamental como es Heriberto Lazcano Lazcano.

Este “golpe” a Los Zetas, entonces, sería lo que todo México estaría esperando para disfrutar de avances en materia de seguridad y disminución en la violencia. Sin embargo, es un error pensar que con la muerte de El Lazca, se acaban Los Zetas. Ya hemos visto a lo largo de 12 años que a pesar de que hay grandes capos que son capturados (con el claro ejemplo del “Chapo” Gumán a la cabeza), las estructuras del crimen organizado permanecen intactas:

“(…) una característica más del grupo criminal (Los Zetas) es que su organización interna no es estática. En su libro El verdugo de hombres los analistas estadunidenses George W. Grayson y Samuel Logan sostienen que los continuos cambios en la estructura de asignación de operaciones impiden a las autoridades “identificar a los criminales que están a cargo de una plaza, ciudad o estado, lo que complica los planes para rastrear, emboscar y capturar a jefes de medio pelo” (1). 

Si lo anterior es verídico, por más jefes de plaza, capos y sicarios que sean encarcelados, el narcotráfico seguirá su tranquilamente su curso, pues es ya una regularidad que dentro de los cárteles los liderazgos sean temporales, y por tanto, las estructuras, aunque se mantienen firmes, son dinámicas en su interior.

En este sentido resulta absurdo creer que con la muerte de El Lazca, por más poderoso que haya sido, afecte realmente la estructura interna de los grupos criminales. Su muerte, entonces (de ser cierta), es una forma más de propaganda. Si se exalta el “logro”, si se pretende hacer creer que las cosas cambiarán radicalmente a partir de este evento, si se engaña a la población aseverando algo que no se tiene… eso es propaganda pura, pero de la más corriente, la que no presenta siquiera alguna prueba para justificarse, la que más hace daño.

El gobierno por su parte, se ha esmerado estos días en aclarar confiadamente (a pesar de que “se lo robaron”) que el cuerpo sí era de Lazcano, y peor aún, que este hecho significará el declive del crimen en nuestro país. No hay nada más falso, sabiendo que el crimen organizado no depende ni se sostiene en una sola persona, sino que es un sistema complejo que satisface ciertas necesidades de la población (demanda de drogas), y que de hecho, al verse “descabezado” no disminuye su presencia violenta, sino que al contrario, por la disputa de plazas y de escaños en el poder, las luchas se vuelven más violentas, más sanguinarias y lamentablemente tienen un alcance cada vez mayor.

Lo que viene, tras la supuesta muerte de El Lazca, es evidentemente una reorganización interna de Los Zetas, que traerá consigo violencia, pues está en juego dinero y poder. Lo lamentable, como decíamos, sería que esta violencia, de por sí ya desmedida, alcance al sector civil que nada teme y nada debe.

Mientras tanto, el gobierno federal sigue ensalzándose con el gran logro realizado, sin saber (o sin reconocer) que esto traerá una radicalización en la difícil situación cotidiana de la mayoría de los mexicanos. Si Calderón acudiera personalmente a las comunidades donde predominan estos grupos, confirmaría que las cosas van en retroceso y que la estrategia de seguridad sólo sirvió para volver a México más inseguro.

Lamentablemente, no sucederá. Nuestro presidente nos deja en la inseguridad y él se va a vivir toda una vida pagada con el dinero de nuestro esfuerzo. Queda en nosotros tomar conciencia y aceptar las verdades, o saber distinguir las mentiras…

 

(1) 
http://www.ciudadypoder.com.mx/index.php?option=com_k2&view=item&id=56714:a-pesar-de-la-presunta-muerte-del-%E2%80%98lazca%E2%80%99-sigue-firme-toda-la-estructura-%E2%80%98zeta%E2%80%99&Itemid=591)

 

¿Quién comanda realmente la guerra contra el narcotráfico?

A raíz del misterio y la confusión que envuelve el caso de la supuesta muerte de Heriberto Lazcano Lazcano, “El Lazca”, en todo México se han suscitado interrogantes sobre la veracidad de la muerte del líder máximo de los Zetas, y aún más, sobre la autenticidad de la guerra contra el narcotráfico que emprendió Felipe Calderón durante su sexenio.

A pesar de que las pruebas de que esta guerra es inútil, obsoleta y francamente absurda son más que evidentes, el gobierno federal la ha mantenido como un estandarte del cual enorgullecerse y ha continuado con ella como si fuera en realidad una opción viable y que atienda al fenómeno en su totalidad.

En la cotidianidad, en la de los mexicanos comunes, esta guerra se vive con tensión social y aumento de la violencia, es decir, una disminución en el índice de calidad de vida dentro de la sociedad. Sin embargo, aunque a todas luces es una estrategia ridícula, para los más altos intereses del gobierno estadounidense parece ser plenamente justificada. Es entonces el gobierno mexicano el que ofrece todas las condiciones para que ésta estrategia fallida se realice, en un afán entreguista y servicial que lo ha caracterizado.

Cuando Calderón se refería a las muertes de inocentes y al aumento de la violencia como “daños colaterales” de esta guerra, parece que no lo hacía sin pensar, pues en efecto, todo es parte de un ambicioso plan que ni siquiera fue planeado por el gobierno mexicano, sino por los E.U.A.

Aún cuando el presidente Calderón pueda dar miles de razones de carácter moral y ético para justificarse, cada vez nos queda más claro que las verdaderas razones ésta absurda estrategia son quizás las mismas que impulsan la ocupación de Irak o Afganistán, es decir, el dinero, el control y el poder.

En síntesis, la guerra contra el narco de Calderón, su máximo logro, es tan sólo una parte de un negocio que pretende obtener ganancias millonarias incluso por sobre la seguridad de toda una nación. La venta de armas, el millonario tráfico de drogas hacia Estados Unidos, la militarización como pantalla de engaño, son ejemplos del porqué de ésta guerra inocua.

En este sentido, para que el negocio funcione para el vecino del norte, parece que el plan ha sido desestabilizar a México para simular una cruenta y dura lucha contra los cárteles que llevan la droga a E.U. Esto, obviamente justificaría la movilización del ejército estadounidense en México y consecuente militarización, así como la intromisión de aquel país en asuntos de interés nacional, con el pretexto de que el problema es internacional.

Quizás la idea de “invasión” como tal suene un poco increíble para el mexicano que conoce las invasiones realizadas por E.U.A. en Medio Oriente, sin embargo al tratarse de una invasión más o menos progresiva, sus efectos no son muy evidentes. El papel de Estados Unidos en la guerra del narco sería fundamentalmente infiltrar a su personal en operaciones de inteligencia (como lo vimos, por ejemplo, en el caso del atentado contra marines en la carretera a Tres Marías) y de esa forma incrementar el control en los mismos procesos.

Un punto más para pensar en la intromisión extranjera en la estrategia de seguridad calderonista es que desde México hacia el sur, se está forjando una red militar por toda Latinoamérica. En los países sudamericanos el problema de la droga también es preocupante (aunque, salvo en Colombia, no se ha llegado a un grado tal de violencia). Sin embargo, la red militar no protege a los países de los cárteles, ni busca la seguridad internacional, sino en esencia, busca la obtención de ganancias, producto de la venta y distribución de armas y drogas, en su mayoría.

Lo lamentable del asunto es que el propio gobierno mexicano está del lado de las obscuras intenciones. No por nada Calderón, apenas llegó a la presidencia puso en marcha el plan llamado “México 2030” que prometía entre otras cosas, mayor apertura al libre comercio y la disminución de seguridad arancelaria entre los países, así como la privatización de varios e importantes sectores económicos. ¿Les dice algo el plan Mérida? Obviamente, es un ejemplo más del entreguismo indiscriminado que calderón y su gobierno tuvieron (y tienen aún) con intereses muy distintos a los del pueblo mexicano.

La militarización, entonces, es la falsedad máxima donde se engaña al pueblo con la promesa de seguridad, de combate al crimen, aunque en la realidad, su objetivo sea únicamente el de preparar el escenario para una intervención abierta y descarada.

De hecho, diversos políticos de peso en México, han afirmado justo lo anterior, que la guerra contra el narco es falsa y sólo justifica una intervención estadounidense. Esto, nos hace pensar que la crisis política y social por la que atraviesa nuestro país no es para nada una equivocación, ni es producto de la violencia misma, sino que al contrario, es resultado de un pésimo manejo de parte del gobierno y porque lamentablemente, más de la mitad de los mexicanos aún viven en la pobreza.

Esta guerra tampoco es producto de la incesante demanda de drogas generada por el país del norte, sino de hecho, se esmera en mantener el negocio internacional de las drogas en su auge, y no es para menos pensarlo dado que es el país más poderoso del mundo, y el nuestro tiene el gobierno más débil y entreguista de los últimos tiempos.

No sorprende entonces ver que Calderón invite a empresas voraces a ocupar territorio mexicano, ni que se ofrezcan todas las facilidades para que el gobierno estadounidense ingrese y modifique estatutos de acción mexicano. Quizás, en este sentido, la sospechosa muerte de “El Lazca” sea una mentira más para confundir, y creer que México se queda desamparado y necesita ayuda urgentemente…

 

 

Felipe Calderón toma valor, y se lava las manos en la ONU

Como ya ustedes sabrán, hace unos días, Felipe Calderón acudió a la Organización de las Naciones Unidas (que por cierto, suele ignorar la verdadera voz de los pueblos) nada menos que a lavarse las manos sobre su actuación como presidente de México. Esta ocasión nuestro presidente alzó la voz como nunca frente a los líderes globales, casi exigiendo una revisión del enfoque prohibicionista de las drogas que se maneja en casi todos los países integrantes.
En un afán exhibicionista y enaltecedor, Calderón restregó a Estados Unidos su responsabilidad en este sentido, argumentando que es éste país el destino final de la droga y por tanto, quien mantiene mayor cantidad de adictos y quien proporciona el dinero y las armas, siendo México y los países latinoamericanos quienes ponen la muerte y la sangre.
No es necesario decir que éstas declaraciones, provenientes de quien jamás aceptó crítica alguna sobre su estrategia de seguridad, resultan ofensivas, mediocres e irracionales. ¿Por qué Calderón tuvo que esperar hasta el último momento de su sexenio, cuando ya tenía 100,000 muertos a sus espaldas, y cuando las organizaciones criminales se han hecho más fuertes y poderosas? ¿Acaso encontró la respuesta definitiva al problema del narco apenas unos días antes de dejar la presidencia?
De hecho no es así. Felipe Calderón fue criticado con esos mismos argumentos durante casi 6 años, y todo este tiempo analistas y estrategas coincidieron en que la legalización de algunas drogas sería una medida que al menos afectaría las finanzas del narcotráfico, y por tanto, su poderío. Miles de voces se han alzado a favor de la legalización de ciertas drogas durante años, y aunque con la radicalización de la violencia se hicieron más y más fuertes, Calderón jamás aceptó las fallas en la estrategia y nunca entabló un diálogo efectivo ni con Estados Unidos (pues se trata de un problema internacional), ni con el propio pueblo de México.
En efecto, hay que tener muy poca vergüenza y dignidad para contradecirse de tal forma siendo presidente de México. El hecho de exigir a todo el mundo que se revise la misma estrategia que defendiste durante años, habla de una incongruencia, y sobre todo una indiferencia y cinismo para con el país al que representas. Qué decir de la dignidad que como político, representante, dirigente y como ser humano mismo, tendrá Felipe Calderón de ahora en adelante.
Lo más lamentable es que la petición de Calderón no se trata en realidad de buscar una solución efectiva a la violencia y al crimen en México y Latinoamérica. Lo que en verdad lo mueve a hacer ésta clase de ridículos, es tratar de reivindicarse frente a sus hijos, su familia, su partido y el pueblo mexicano. Como muchas de sus últimas acciones a partir del 1 de julio, las de Calderón se enfocan a ensalsarze como mandatario, a justificar la mediocridad de su gobierno, y a limpiar su imagen.
Como era de esperarse, la ONU desechó en un día su petición, dejando así a Calderón en un ridículo mucho más grande. Lo que preocupa no es el ridículo, sino la locura y el cinismo con que ya habla el mandatario a estas alturas. Parece que ha olvidado todo lo sucedido en 6 años y pretende que con una u otra declaración falsa se le olvide al pueblo mexicano la desgracia que instauró. Como siempre, Calderón al hablar de México, se refiere a un país de los sueños donde todo es perfecto, la economía es fuerte, y el presidente que se va,fue el mejor regalo que un país pudo recibir.
No obstante, México ya no es el de antes, y no se deja engañar por un loco. Los cambios durante este sexenio fueron drásticos en materia de seguridad, y no muchos negarán el perdón para un presidente que gracias a su ineptitud y a su egocentrismo hizo un infierno de la vida de miles.
Lo que sí es necesario, y Felipe nos lo queda debiendo, es una estrategia efectiva e inteligente que sepa afrontar al crimen organizado desde sus raíces, y al problema del narco en su totalidad. Por más guerras que haya, si la demanda existe, la producción no desaparecerá. Entonces, ¿es la legalización la última y única opción que queda?

¿Y los derechos humanos apá?

A propósito de la agresión que el Estado Mayor Presidencial realizó contra un joven que se expresaba contra Felipe Calderón y su sexenio de injusticias, creemos que es menester hablar de la labor de este gobierno en cuanto a respeto y garantía de los derechos humanos, y los avances que ha habido en ello.

El hecho de evaluar a Calderón en este rubro nos remite de inmediato a lo evidente, es decir, a la guerra contra el narcotráfico.Hay opiniones encontradas sobre si esta guerra es una necesidad, o más bien una necedad del gobierno federal para justificarse. De cualquier forma, la estrategia calderonista dejó como mínimo 70,000 muertos y además, una innumerable cantidad de violaciones a los derechos humanos.

Las cifras oficiales de organismos internacionales como “Amnistía Internacional” detallan que además de la brutal violación de derechos humanos que se da en el marco de la estrategia de seguridad, hay otra parte muy importante y muy poco atendida en los últimos años, como es la violación de derechos de mujeres, indígenas, migrantes y demás minorías no privilegiadas. Además, las miles y miles de vejaciones a que son expuestos, por ejemplo, la mujer en su derecho reproductivo, los reos en las cárceles, así como los frenos a la libertad de expresión y libertad económica, son prueba inequívoca de ello.

No sorprende que el diagnóstico sea negativo y desesperanzador en su totalidad . A pesar de que han habido intenciones claras de mejorar las cosas, como se hizo en 2008 con la reforma en la que se establecía la garantía de los derechos humanos en todas las cárceles del país, los resultados no son palpables. Qué decir en cuestión de respeto a la mujer, al indígena y al migrante…

Pero ¿cuál es el motivo del fracaso de todas estas políticas? Sin duda, la mala planeación que realizó el gobierno de Calderón al respecto es uno de los puntos fundamentales de su fracaso. Si a esto le aunamos la propia cultura del mexicano que no le permite salir de las prácticas corruptas, entendemos el porqué del vacío que existe en esta materia.

Está claro que el problema del narco es esencialmente social y no sólo jurídico, como la Presidencia lo manejó, y ya lo hemos dicho. Si en vez de implementar únicamente políticas de seguridad y militarización del país, hubiesen habido también políticas de concientización, los resultados hubieran sido muy diferentes. En este sentido, la participación de la sociedad civil es fundamental pues es de ella de donde emanan las verdaderas transformaciones. Es decir, si los derechos humanos se respetaran desde casa, sería mucho más sencillo para un gobierno asegurar su cumplimiento institucional, pues la mayoría de sus elementos seguirían sus propios principios, en lugar de seguir simples órdenes.

¿Cómo calificar entonces a Felipe Calderón en materia de derechos humanos? La respuesta es obvia y clara: muy negativamente. Hay miles de muertos resultado de una mala planeación estratégica, decenas de periodistas han sido asesinados o amenazados, y mientras tanto, el gobierno insiste en ocultar la realidad. En el marco cultural, tampoco hubo grandes avances, si pensamos en que se implementaron muy pocas (o ninguna) medidas de concientización y prevención entre la sociedad civil. Asimismo, la organización y movilización de la sociedad misma, es casi inexistente.

El sexto informe de la mentira y la indiferencia

A propósito del sexto y último informe de Felipe Calderón como presidente de México, vale la pena recordar su cinismo y la eterna mentira que fue su gobierno. Desde un principio, Calderón jamás aceptó responsabilidad ni fallo alguno en su gobierno, manteniendo así una mentira que duraría 6 años: todo un sexenio donde el cinismo y el descaro fueron protagonistas, y los logros nunca existieron.

El tema más evidente es el de la seguridad, pues representa el el “logro” más exitoso de Calderón, o al menos él así lo considera. Es evidente que al contrario de lo que dice el presidente, la estrategia de militarización es un rotundo fracaso pues justamente hizo un caos de la problemática del narco, y se le salió de las manos. 95,000 muertos, 300,000 desplazados y un país en plena guerra es la muestra de ello, a pesar de que Felipe no lo quiera aceptar. De hecho, fue durante su sexenio cuando México pasó de ser el lugar del tequila, al país de la brutalidad y de la violencia.

No es sólo eso. Calderón destina 3 veces más recursos a esta guerra relativamente inútil que a la educación de los mexicanos, y los resultados no se ven por ningún lado. La educación, evidentemente, está perdida en el limbo, esperando atención y planeación, sin embargo, eso jamás llegó. Como vemos, Calderón parece preocuparse más por mostrar los “resultados” al extranjero, que por atender las necesidades más básicas del pueblo de México.

Como prueba de lo anterior, está claro que Calderón benefició a la iniciativa privada anteponiendo sus intereses a los de la sociedad en su conjunto, provocando la aplicación de una educación excluyente y limitada. También, en materia de ciencia y tecnología, el presidente no quiso invertir ni siquiera el mínimo establecido por la ley, dejando al sector en el abandono total, y a México rezagado frente al mundo.

Del arte y la cultura, ni hablar, pues parece que esos ámbitos son inútiles para un gobierno que quiere resultados…

En otras cuestiones no estamos mejor. En el caso de las telecomunicaciones, por ejemplo, bastaron éstos 6 años para despojar a las mexicanos de su propiedad, privatizarlos y ofrecerlos al mejor postor. Los beneficios, como siempre, son únicamente para los grandes empresarios y no para la mayoría. Recordemos simplemente el caso del “apoyo” que hizo Calderón a Televisa, al otorgarle concesiones en el uso de la banda ancha.

Los medios de comunicación, salvo Televisa, nunca tuvieron libertad ni autonomía. La libertad de expresión, como sabemos tras el caso del despido de Carmen Aristegui de MVS, nunca existió, a pesar de ser el orgullo de Calderón, pero hay 72 periodistas asesinados que no pueden engañar a nadie.

Tampoco engañan a nadie los 12 millones de mexicanos que viven en la pobreza extrema, ni los millones que no tienen empleo, a pesar de que este fue “el gobierno del empleo”. Y no se diga sobre las condiciones laborales de quien casi milagrosamente obtuvo un empleo, pero que no gana lo suficiente, ni posee una seguridad social efectiva, ni condiciones justas para su retiro.

En fin, todo parece estar tambaleándose, pero Calderón es tan cínico que si él dice que todo va bien, ni modo, todo va bien. Hoy, tras su sexto informe de gobierno, no debemos olvidar que la realidad es otra, y que el único legado de Felipe, es la mentira, el cinismo y la indiferencia.

 

Juicio político o escarnio público: ¿Qué sigue para Felipe Calderón?

Sólo 3 meses le quedan de vida al gobierno de Felipe Calderón. Ya todos sabemos y vivimos en carne propia lo caro que nos costaron éstos 6 años: pobreza, desigualdad, crisis económica, y sobre todo, una violencia extrema desatada, y casi 100,000 muertos producto de una estrategia fallida y aberrante.

Todo lo anterior, como es obvio, nos afecta como sociedad civil en el sentido de que somos nosotros quienes sufrimos las consecuencias de vivir en un país en plena guerra que de una forma u otra nos impide vivir nuestra cotidianidad de forma sana y normal. Además, el caos en que México está inmerso también tiene su impacto en el desarrollo de miles de familias que quizás buscan nuevos lugares para vivir lejos de la inseguridad.

Sin embargo, Calderón o es muy inepto como para notar la gravedad de la situación, o bien es tan cínico que se limita a declarar que todo lo anterior son “daños colaterales”, y que debemos tomarlos como algo “natural” en una guerra que nos traerá el bien y la seguridad tan anhelada.

Como era de esperarse, la sociedad no ha recibido con agrado el cinismo, la ineptitud y la poca sensibilidad de Felipe Calderón, y por ello, como seguramente recuerdan, se propuso llevar a Calderón ante la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y de lesa humanidad, justamente por la mínima inteligencia con que enfrentó al crimen organizado y los 95,000 muertos que hasta la fecha se han contabilizado.

Tal demanda parece tener todo el sustento argumentativo, y los hechos lo confirman. No importa si los asesinatos no los cometió Calderón personalmente, pero gracias a sus órdenes, éstos existen, por lo que al menos la demanda es legítima. No por nada el aún presidente ya se encuentra en búsqueda de empleo en el extranjero: porque sabe muy bien que al terminar su sexenio será perseguido y juzgado duramente por la sociedad civil.

Aunque es difícil que la demanda proceda, debido a la protección que reciben los ex presidentes en el extranjero y al fuero presidencial que le otorga el Estado mexicano, no hay duda de que el intento se hará, y la posibilidad de enjuiciarlo existe. De cualquier forma el escarnio público del que será objeto él y su familia, serán un peso grandísimo que quizás los persiga de por vida.

Calderón no tardó en reaccionar a las intenciones de enjuiciarlo y como todo déspota retó y amenazó directamente a sus críticos diciendo que la estructura de poder está de su lado para demostrar lo que le puede pasar a quien siquiera lo intente. Una vez más, el miedo y el terror, traducidos en amenazas y autoritarismo.

A pesar de esto, no sabemos qué pasará con Felipe. Lo que es seguro es que se le avecina un futuro sombrío donde la idea de quedarse en México es impensable, por lo que el auto exilio queda como opción casi única. Algún día tendrá que regresar y ser juzgado por sus acciones, tal como pasó con Luis Echeverría por ejemplo, quien más de 30 años después de dejar de ser funcionario público, fue capturado y juzgado por sus crímenes.

Mientras tanto en México, donde todos nos preguntamos qué será de Calderón a partir del 1 de diciembre, el daño ya está hecho, y la necesidad de desaforarlo y llevarlo a juicio político debería ser obvia. La gente sigue muriendo, la pobreza aumenta, y Caloderón se hace cada vez más cínico…

 

Una confusión muy sospechosa, y una estrategia que va en reversa

Como todos ustedes sabrán, el pasado fin de semana dos diplomáticos estadounidenses y un oficial de la Marina fueron atacados a balazos por la Policía Federal, en la carretera México-Cuernavaca, durante el trayecto que recorrían hacia una base militar en “El Capulín”.

Los agentes fueron atacados a matar, y sin ningún tipo de aviso ni de alerta previa, lo que resulta evidentemente muy sospechoso, y por tanto la tesis de una simple confusión comienza a hacerse poco creíble. Además, a la fecha el objetivo de tal misión secreta que tenían los agentes estadounidenses en nuestro país, todavía no se conoce públicamente, creando un ambiente más tenso y confuso.

Los hechos son innegables. Quienes dispararon contra la camioneta, que por cierto tenía placas diplomáticas por lo cual era absurdo abrir fuego contra ella, no eran militares sino policías federales, y todos conocemos bien la complicidad que la PF tiene con el crimen organizado. Además, es claro que los disparos iban dirigidos exclusivamente hacia los diplomáticos extranjeros, y no al marino, quien conducía el vehículo.

A todas luces el atentado no es producto de una confusión, sino de una planeación estratégica. No podemos asegurar que efectivamente los tripulantes tenían alguna relación con el crimen organizado, pero resulta claro que hay gato encerrado pues al parecer, tenían la misión de asesinarlos y si no lo lograron, fue porque el auto estaba blindado. Lo seguro es que valía más la pena matarlos a que llegaran, quien sabe a qué, al campo de prácticas de la Marina de México.
Lo que vale la pena cuestionarse es cuáles son los verdaderos intereses que defiende la PF, y de quién provienen las órdenes que cumple. ¿A qué obedece la policía federal si no es a los intereses de seguridad y paz social del pueblo mexicano? ¿Quién entonces ordenó el atentado a matar contra una camioneta diplomática?
El problema aquí es que esto nos da una idea de (si fuese cierta la tesis de los nexos con el narco) cómo la situación es tan tensa que los asesinatos ya no se limitan a un distribuidor de droga, ni a una “traición”, sino que en verdad el Estado mexicano se ve rebasado por un problema que está dentro de él. La complicidad existe, y se demuestra en el momento en que un supuesto error es desmentido por las pruebas claras de que alguien, en algún lugar ordenó por alguna poderosa razón, el asesinato sin piedad de estas personas.

Otro preocupante problema es el hecho de que a pesar de la supuestamente exitosa estrategia de seguridad de Felipe Calderón, las cosas se vuelven más duras y peligrosas día con día, al grado de que la institución que se supone debe salvaguardar nuestra integridad, obedece órdenes de aquellos a quienes aparentemente debe combatir.  Entonces la “estrategia” no sólo no es efectiva, sino que ha provocado una mucho mayor radicalización de la violencia, al contrario de lo que se dice en el discurso oficial.

De esta forma, la SSP, encabezada por Genaro García Luna no cumple su labor, sino todo lo contrario. La policía creada para hacer más eficiente y palpable la seguridad pública, resulta ser igual de corrupta que todas sus antecesoras. El narcotráfico es un problema que no para, ni parará mientras se le enfrente con mediocridad.

Mientras tanto, ya son 12 los policías federales que están detenidos esperando declarar al respecto. Y también mientras tanto, somos millones de mexicanos que seguimos esperando ver la dichosa seguridad, y disfrutar de nuestro país como antes se podía. Lamentablemente, las cosas van en reversa, y a toda velocidad.

A un año del atentado en Casino Royale… ¿dónde está la seguridad prometida?

El día de mañana se cumple el primer aniversario del atentado contra el “CasinoRoyale” de Monterrey, Nuevo León, donde 52 personas perdieron la vida después de ser objeto del narco terrorismo cuando un grupo armado lo atascó con gasolina y granadas.
Podría pensarse que a un año de la masacre algunos responsables estarían presos, o al menos en proceso judicial, sin embargo las cosas son desafortunadamente, muy distintas. Como siempre, quienes pagaron las cuentas fueron las víctimas y sus familiares, a quienes nadie ve ni escucha. Tanto el dueño del casino, como los responsables del atentado, se encuentran libres.
Además, la historia de esta masacre tiene irregularidades innegables, como el hecho de que la PGR deslindara de toda responsabilidad a los gobiernos locales por considerar que el inmueble no era inseguro, y que ello no influyó en la muerte de las víctimas. Poco después de hacer esas declaraciones, por arte de magia comenzaron a aparecer los responsables.
Asimismo, el gobernador de Nuevo León pareció no atender con la gravedad que merecía el asunto, y mejor se dedicaba a twittear felicitaciones y reconocimientos, mientras el presidente Calderón se sentñia cada vez más motivado a continuar la lucha contra el narco.
A la fecha, y sin importar lo sucedido, todavía es sencillo para los empresarios montar un casino sin mayor problemática, a pesar de intentos de varias organizaciones de impedirlo, y para los narcos sigue siendo igual de fácil hacer un caos de la ciudad en el momento en que quieran hacerlo.
Todo esto nos hace pensar en la impartición de justicia en México, y si en verdad ésta es “ciega”, como se supone debería de serlo. En primer lugar el primero en ser castigado o investigado debió ser el empresario que por una cosa u otra, provocó el ataque, cosa que nunca se hizo pues el empresario es quien menos sufre por el incidente; y en segundo, es preocupante que un año después, las condiciones de seguridad en la entidad y en el país en general, no hayan mejorado siquiera un poco.
Ni Felipe Calderón ni su estrategia pudieron parar el problema, a pesar de los esfuerzos, y eso indica que hay fallas y omisiones. Por si fuera poco, los deudos de las víctimas son los que pagan las consecuencias de todo esto al no recibir indemnización, ni atención satisfactoria, ni siquiera una disculpa o algo que, como si se pudiera, aliviane el sentir de las familias.
No obstante, esta es una guerra que continúa aunque ya se perdió. Si no la hubieran perdido no seguiría habiendo asesinatos al por mayor cada día, y nuestra seguridad, realmente existiría.

Si al gobierno no le salen las cuentas, es porque las manipulan

El gobierno federal deja a México inmerso en una violenta guerra que en realidad nadie solicitó, ni mucho menos resuelve lo que se supone que debería resolver, y además produce más muertos que nunca en la historia. A la fecha llevamos, oficialmente, más de 80,000 muertos relacionados directamente con la guerra contra el narcotráfico, y la cifra aumenta día con día.

A pesar de esto, y en lugar de reconocer que la realidad superó las expectativas en cuanto violencia, muerte y destrucción, el gobierno de Felipe Calderón prefiere volver a engañar al pueblo y tratar de “lavarse las manos” hasta donde se pueda.

En este sentido, hoy es bien sabido que el gobierno panista gusta de ocultar las verdaderas cifras de muertos para hacerlas quizás menos preocupantes, y así, justificar que en realidad las cosas no van tan mal. Existen al rededor de 13,000 muertos que no figuran en los números oficiales que presenta el gobierno a través del Sistema Nacional de Seguridad Pública, pero que sí aparecen en los registros del INEGI. Si el SNSP  reporta 82, 732 homicidios, el INEGI presenta 95, 632.

Cabe destacar que los homicidios a los que se refiere este conteo entran en la categoría de “dolosos y premeditados”, por lo que no entran en esta categoría aquellos que Calderón llama “efectos secundarios” de la lucha anti narco, y en cambio sí entran los que nada tienen que ver con esta guerra, es decir, los asesinatos de cada día…

Se entiende entonces que Calderón y su gobierno tratan de ocultar algo. Si no pueden ocultar la evidente y preocupante cifra de muertos que desató su estrategia, se dedican a tapar otro tipo de datos, igual de preocupantes, pero que al menos no dicen mucho sobre la fallida estrategia de seguridad.

De esta forma, las muertes serían evidentes, pero la seguridad pública, habría aumentado en relación con la guerra contra el crimen organizado. Así, Calderón podría justificar que su gobierno sí dió resultados benéficos.

Lo bueno es que todo llega a saberse, y más cuando se trata de algo tan claro, estudiado y con la vista de todos, como es la seguridad en México y la violencia extrema en que está sumergido. Parece que una vez más, Calderón fracasó en su intento de engañar a México. Lo que es evidente no se oculta: México es un caos después de Calderón.