Felipe Calderón toma valor, y se lava las manos en la ONU

Como ya ustedes sabrán, hace unos días, Felipe Calderón acudió a la Organización de las Naciones Unidas (que por cierto, suele ignorar la verdadera voz de los pueblos) nada menos que a lavarse las manos sobre su actuación como presidente de México. Esta ocasión nuestro presidente alzó la voz como nunca frente a los líderes globales, casi exigiendo una revisión del enfoque prohibicionista de las drogas que se maneja en casi todos los países integrantes.
En un afán exhibicionista y enaltecedor, Calderón restregó a Estados Unidos su responsabilidad en este sentido, argumentando que es éste país el destino final de la droga y por tanto, quien mantiene mayor cantidad de adictos y quien proporciona el dinero y las armas, siendo México y los países latinoamericanos quienes ponen la muerte y la sangre.
No es necesario decir que éstas declaraciones, provenientes de quien jamás aceptó crítica alguna sobre su estrategia de seguridad, resultan ofensivas, mediocres e irracionales. ¿Por qué Calderón tuvo que esperar hasta el último momento de su sexenio, cuando ya tenía 100,000 muertos a sus espaldas, y cuando las organizaciones criminales se han hecho más fuertes y poderosas? ¿Acaso encontró la respuesta definitiva al problema del narco apenas unos días antes de dejar la presidencia?
De hecho no es así. Felipe Calderón fue criticado con esos mismos argumentos durante casi 6 años, y todo este tiempo analistas y estrategas coincidieron en que la legalización de algunas drogas sería una medida que al menos afectaría las finanzas del narcotráfico, y por tanto, su poderío. Miles de voces se han alzado a favor de la legalización de ciertas drogas durante años, y aunque con la radicalización de la violencia se hicieron más y más fuertes, Calderón jamás aceptó las fallas en la estrategia y nunca entabló un diálogo efectivo ni con Estados Unidos (pues se trata de un problema internacional), ni con el propio pueblo de México.
En efecto, hay que tener muy poca vergüenza y dignidad para contradecirse de tal forma siendo presidente de México. El hecho de exigir a todo el mundo que se revise la misma estrategia que defendiste durante años, habla de una incongruencia, y sobre todo una indiferencia y cinismo para con el país al que representas. Qué decir de la dignidad que como político, representante, dirigente y como ser humano mismo, tendrá Felipe Calderón de ahora en adelante.
Lo más lamentable es que la petición de Calderón no se trata en realidad de buscar una solución efectiva a la violencia y al crimen en México y Latinoamérica. Lo que en verdad lo mueve a hacer ésta clase de ridículos, es tratar de reivindicarse frente a sus hijos, su familia, su partido y el pueblo mexicano. Como muchas de sus últimas acciones a partir del 1 de julio, las de Calderón se enfocan a ensalsarze como mandatario, a justificar la mediocridad de su gobierno, y a limpiar su imagen.
Como era de esperarse, la ONU desechó en un día su petición, dejando así a Calderón en un ridículo mucho más grande. Lo que preocupa no es el ridículo, sino la locura y el cinismo con que ya habla el mandatario a estas alturas. Parece que ha olvidado todo lo sucedido en 6 años y pretende que con una u otra declaración falsa se le olvide al pueblo mexicano la desgracia que instauró. Como siempre, Calderón al hablar de México, se refiere a un país de los sueños donde todo es perfecto, la economía es fuerte, y el presidente que se va,fue el mejor regalo que un país pudo recibir.
No obstante, México ya no es el de antes, y no se deja engañar por un loco. Los cambios durante este sexenio fueron drásticos en materia de seguridad, y no muchos negarán el perdón para un presidente que gracias a su ineptitud y a su egocentrismo hizo un infierno de la vida de miles.
Lo que sí es necesario, y Felipe nos lo queda debiendo, es una estrategia efectiva e inteligente que sepa afrontar al crimen organizado desde sus raíces, y al problema del narco en su totalidad. Por más guerras que haya, si la demanda existe, la producción no desaparecerá. Entonces, ¿es la legalización la última y única opción que queda?