El caso “Lazca”, el colmo de la política ficción.

Ya todos conocemos la fantástica  historia donde la marina mexicana abatió valientemente al líder de la organización criminal “Los Zetas”. Y si todos la conocemos, es de hecho, porque esta historia se ha transformado rápidamente casi en un anuncio propagandístico que le cayó muy bien al gobierno panista a unos días de ceder la presidencia, como logro máximo, y “para cerrar con broche de oro”.

Aunque todo empezó con especulaciones, la muerte y posterior robo del supuesto cadáver de “El Lazca” ha servido  como un punto de referencia de la guerra contra el crimen organizado que inició Felipe Calderón. Obviamente, el futuro ex presidente necesita un trofeo para presumir, y ya lo tiene, pero ¿y el cadáver dónde está? ¿Dónde están los efectos del certero golpe que la muerte de Lazcano hubiera significado para la estructura criminal de Los Zetas?

Aquí las cosas adquieren sentido pues de inmediato podemos pensar que la supuesta muerte del capo es una mera pantalla para que el calderonismo justifique plenamente las acciones del sexenio, a través de la muerte de una figura tan fundamental como es Heriberto Lazcano Lazcano.

Este “golpe” a Los Zetas, entonces, sería lo que todo México estaría esperando para disfrutar de avances en materia de seguridad y disminución en la violencia. Sin embargo, es un error pensar que con la muerte de El Lazca, se acaban Los Zetas. Ya hemos visto a lo largo de 12 años que a pesar de que hay grandes capos que son capturados (con el claro ejemplo del “Chapo” Gumán a la cabeza), las estructuras del crimen organizado permanecen intactas:

“(…) una característica más del grupo criminal (Los Zetas) es que su organización interna no es estática. En su libro El verdugo de hombres los analistas estadunidenses George W. Grayson y Samuel Logan sostienen que los continuos cambios en la estructura de asignación de operaciones impiden a las autoridades “identificar a los criminales que están a cargo de una plaza, ciudad o estado, lo que complica los planes para rastrear, emboscar y capturar a jefes de medio pelo” (1). 

Si lo anterior es verídico, por más jefes de plaza, capos y sicarios que sean encarcelados, el narcotráfico seguirá su tranquilamente su curso, pues es ya una regularidad que dentro de los cárteles los liderazgos sean temporales, y por tanto, las estructuras, aunque se mantienen firmes, son dinámicas en su interior.

En este sentido resulta absurdo creer que con la muerte de El Lazca, por más poderoso que haya sido, afecte realmente la estructura interna de los grupos criminales. Su muerte, entonces (de ser cierta), es una forma más de propaganda. Si se exalta el “logro”, si se pretende hacer creer que las cosas cambiarán radicalmente a partir de este evento, si se engaña a la población aseverando algo que no se tiene… eso es propaganda pura, pero de la más corriente, la que no presenta siquiera alguna prueba para justificarse, la que más hace daño.

El gobierno por su parte, se ha esmerado estos días en aclarar confiadamente (a pesar de que “se lo robaron”) que el cuerpo sí era de Lazcano, y peor aún, que este hecho significará el declive del crimen en nuestro país. No hay nada más falso, sabiendo que el crimen organizado no depende ni se sostiene en una sola persona, sino que es un sistema complejo que satisface ciertas necesidades de la población (demanda de drogas), y que de hecho, al verse “descabezado” no disminuye su presencia violenta, sino que al contrario, por la disputa de plazas y de escaños en el poder, las luchas se vuelven más violentas, más sanguinarias y lamentablemente tienen un alcance cada vez mayor.

Lo que viene, tras la supuesta muerte de El Lazca, es evidentemente una reorganización interna de Los Zetas, que traerá consigo violencia, pues está en juego dinero y poder. Lo lamentable, como decíamos, sería que esta violencia, de por sí ya desmedida, alcance al sector civil que nada teme y nada debe.

Mientras tanto, el gobierno federal sigue ensalzándose con el gran logro realizado, sin saber (o sin reconocer) que esto traerá una radicalización en la difícil situación cotidiana de la mayoría de los mexicanos. Si Calderón acudiera personalmente a las comunidades donde predominan estos grupos, confirmaría que las cosas van en retroceso y que la estrategia de seguridad sólo sirvió para volver a México más inseguro.

Lamentablemente, no sucederá. Nuestro presidente nos deja en la inseguridad y él se va a vivir toda una vida pagada con el dinero de nuestro esfuerzo. Queda en nosotros tomar conciencia y aceptar las verdades, o saber distinguir las mentiras…

 

(1) 
http://www.ciudadypoder.com.mx/index.php?option=com_k2&view=item&id=56714:a-pesar-de-la-presunta-muerte-del-%E2%80%98lazca%E2%80%99-sigue-firme-toda-la-estructura-%E2%80%98zeta%E2%80%99&Itemid=591)

 

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¿Quién comanda realmente la guerra contra el narcotráfico?

A raíz del misterio y la confusión que envuelve el caso de la supuesta muerte de Heriberto Lazcano Lazcano, “El Lazca”, en todo México se han suscitado interrogantes sobre la veracidad de la muerte del líder máximo de los Zetas, y aún más, sobre la autenticidad de la guerra contra el narcotráfico que emprendió Felipe Calderón durante su sexenio.

A pesar de que las pruebas de que esta guerra es inútil, obsoleta y francamente absurda son más que evidentes, el gobierno federal la ha mantenido como un estandarte del cual enorgullecerse y ha continuado con ella como si fuera en realidad una opción viable y que atienda al fenómeno en su totalidad.

En la cotidianidad, en la de los mexicanos comunes, esta guerra se vive con tensión social y aumento de la violencia, es decir, una disminución en el índice de calidad de vida dentro de la sociedad. Sin embargo, aunque a todas luces es una estrategia ridícula, para los más altos intereses del gobierno estadounidense parece ser plenamente justificada. Es entonces el gobierno mexicano el que ofrece todas las condiciones para que ésta estrategia fallida se realice, en un afán entreguista y servicial que lo ha caracterizado.

Cuando Calderón se refería a las muertes de inocentes y al aumento de la violencia como “daños colaterales” de esta guerra, parece que no lo hacía sin pensar, pues en efecto, todo es parte de un ambicioso plan que ni siquiera fue planeado por el gobierno mexicano, sino por los E.U.A.

Aún cuando el presidente Calderón pueda dar miles de razones de carácter moral y ético para justificarse, cada vez nos queda más claro que las verdaderas razones ésta absurda estrategia son quizás las mismas que impulsan la ocupación de Irak o Afganistán, es decir, el dinero, el control y el poder.

En síntesis, la guerra contra el narco de Calderón, su máximo logro, es tan sólo una parte de un negocio que pretende obtener ganancias millonarias incluso por sobre la seguridad de toda una nación. La venta de armas, el millonario tráfico de drogas hacia Estados Unidos, la militarización como pantalla de engaño, son ejemplos del porqué de ésta guerra inocua.

En este sentido, para que el negocio funcione para el vecino del norte, parece que el plan ha sido desestabilizar a México para simular una cruenta y dura lucha contra los cárteles que llevan la droga a E.U. Esto, obviamente justificaría la movilización del ejército estadounidense en México y consecuente militarización, así como la intromisión de aquel país en asuntos de interés nacional, con el pretexto de que el problema es internacional.

Quizás la idea de “invasión” como tal suene un poco increíble para el mexicano que conoce las invasiones realizadas por E.U.A. en Medio Oriente, sin embargo al tratarse de una invasión más o menos progresiva, sus efectos no son muy evidentes. El papel de Estados Unidos en la guerra del narco sería fundamentalmente infiltrar a su personal en operaciones de inteligencia (como lo vimos, por ejemplo, en el caso del atentado contra marines en la carretera a Tres Marías) y de esa forma incrementar el control en los mismos procesos.

Un punto más para pensar en la intromisión extranjera en la estrategia de seguridad calderonista es que desde México hacia el sur, se está forjando una red militar por toda Latinoamérica. En los países sudamericanos el problema de la droga también es preocupante (aunque, salvo en Colombia, no se ha llegado a un grado tal de violencia). Sin embargo, la red militar no protege a los países de los cárteles, ni busca la seguridad internacional, sino en esencia, busca la obtención de ganancias, producto de la venta y distribución de armas y drogas, en su mayoría.

Lo lamentable del asunto es que el propio gobierno mexicano está del lado de las obscuras intenciones. No por nada Calderón, apenas llegó a la presidencia puso en marcha el plan llamado “México 2030” que prometía entre otras cosas, mayor apertura al libre comercio y la disminución de seguridad arancelaria entre los países, así como la privatización de varios e importantes sectores económicos. ¿Les dice algo el plan Mérida? Obviamente, es un ejemplo más del entreguismo indiscriminado que calderón y su gobierno tuvieron (y tienen aún) con intereses muy distintos a los del pueblo mexicano.

La militarización, entonces, es la falsedad máxima donde se engaña al pueblo con la promesa de seguridad, de combate al crimen, aunque en la realidad, su objetivo sea únicamente el de preparar el escenario para una intervención abierta y descarada.

De hecho, diversos políticos de peso en México, han afirmado justo lo anterior, que la guerra contra el narco es falsa y sólo justifica una intervención estadounidense. Esto, nos hace pensar que la crisis política y social por la que atraviesa nuestro país no es para nada una equivocación, ni es producto de la violencia misma, sino que al contrario, es resultado de un pésimo manejo de parte del gobierno y porque lamentablemente, más de la mitad de los mexicanos aún viven en la pobreza.

Esta guerra tampoco es producto de la incesante demanda de drogas generada por el país del norte, sino de hecho, se esmera en mantener el negocio internacional de las drogas en su auge, y no es para menos pensarlo dado que es el país más poderoso del mundo, y el nuestro tiene el gobierno más débil y entreguista de los últimos tiempos.

No sorprende entonces ver que Calderón invite a empresas voraces a ocupar territorio mexicano, ni que se ofrezcan todas las facilidades para que el gobierno estadounidense ingrese y modifique estatutos de acción mexicano. Quizás, en este sentido, la sospechosa muerte de “El Lazca” sea una mentira más para confundir, y creer que México se queda desamparado y necesita ayuda urgentemente…

 

 

Creación de penales privados, la nueva forma de lavarse las manos…

Hace unos días Felipe Calderón inauguró en Sonora el primer penal federal financiado con inversión privada de México, y es tan sólo el primero de un total de 20 que se construirán como mínimo.

El hecho de que haya un penal privado en México sorprende, pues significa claramente que el sistema de justicia federal instaurado no funciona como debería, y que gracias a ello surgió la necesidad de buscar otras alternativas, como es la instalación de penales privados. La solución de Calderón no fue fortalecer o analizar y mejorar el sistema de justicia, sino ceder la responsabilidad a otros, más dispuestos y capaces.

Y la verdad no es para menos. La realidad de nuestras cárceles es realmente indignante, y a lo largo de éstos 6 años se ha vuelto casi intolerable. Hace unas semanas se fugaron 134 reos del CERESO de Piedras Negras, Coahuila, y han habido innumerables fugas durante los sexenios panistas. Además, todo México sabe que muchas de esas prisiones están literalmente controladas por el crimen organizado y por la corrupción, lo que es una clara muestra de la ineficiencia del sistema penal.

Si para las muchas limitaciones en la mente de nuestro presidente, y en la impartición de justicia la única solución fue “pedir ayuda” a la inversión privada, en vez de mejorar, habla también de una mediocridad política inigualable. Aún a sabiendas de que fue la misma guerra emprendida por el gobierno federal contra el narcotráfico ha llevado las cosas a tal nivel, la presidencia no acepta su responsabilidad, y prefiere atraer capital privado, cobijado en la idea de que ayuda a la economía, pues generó inversión y empleos.

Lo preocupante aquí es que México acaba de abrirse al mercado de los reos, evadiendo responsabilidades presentes y futuras, dejando todo en manos de empresarios que si bien pueden ofrecer un servicio eficiente en cuanto a evitar fugas y desmanes dentro de las cárceles, por lo único que velan es por la ganancia. Es decir, un empresario no tendrá la intención de mejorar y rehabilitar a los reos, como pudiera tenerlo un gobierno comprometido, sino primordialmente tendrá la intención de obtener ganancias.

¿Dónde quedará entonces la voluntad de que los delincuentes se rehabiliten y se reincorporen a la sociedad productivamente? Si actualmente dentro de las cárceles los reos “compran” comodidad y jerarquía, ¿quién regulará la situación si sucediera dentro de un penal privado? ¿Quién controlará que estén libres de corrupción y de violencia, cuando podrán regirse bajo sus propias reglas?

Lo que al parecer se le olvidó al presidente fue justamente esa regulación tan necesaria cuando se dan concesiones a empresas privadas en asuntos del Estado, pues no sólo se trata de construir y ceder el poder, sino de una planeación estratégica y conjunta que evidentemente Calderón pasó de largo. Claro está, si no existe una planeación en el sistema penal federal, menos la habrá cuando hay dinero de por medio, y esa siempre fue una característica del gobierno panista: el entreguismo irracional y la poca conciencia de sus actos.

Alguna vez Calderón tuiteó lo siguiente:  “En los últimos 6 años se han fugado más de 1000 reos de penales estatales.  De los penales federales ninguno”. ¿No creen que es una forma de “lavarse las manos” y evadir la responsabilidad de su mediocre gobierno? Como esto, así como le echa la culpa a los demás, a pesar de su posición como presidente de la República, de la misma forma se entrega el poder y la responsabilidad a manos de… quién sabe quien…

Rechazan a Calderón en E.U. como profesor. Nadie lo quiere, ni aquí ni allá

Hace tiempo nos preguntábamos qué sería de Felipe Calderón tras dejar la presidencia de México y obtener una indemnización millonaria de por vida, claro está, pagada por todos los mexicanos. Hubo diversas versiones, pero nuestro presidente mostraba especial interés en dos opciones: el convertirse en empresario, o en impartir cátedra en alguna universidad de los Estados Unidos.

Lo curioso del caso, es que al parecer, ninguna universidad solicitó en ningún momento los servicios de Calderón, aunque él ya se veía como un académico exitoso y trascendente. Pero como dicen, todo cae por su propio peso, y todo se paga…

Resulta que cientos de estudiantes de la Universidad de Texas se organizaron y enviaron una carta a William Powers Jr., director de esa institución, solicitando no ofrecer empleo a Felipe Calderón como profesor de aquella universidad. Lo más contundente fueron las razones que exponen para evitar a toda costa la contratación de Calderón, por considerarlo nada menos que un asesino.

Como ejemplo de la mediocridad del ejecutivo mexicano, los estudiantes texanos expusieron la fallida estrategia de seguridad y de lucha contra el narcotráfico que como sabemos, ha traído más de 80,000 muertos, muchos de ellos inocentes, y que además instauró el terror en la cotidianidad de muchísimos lugares del país.

Otro punto relevante es el cinismo con que Calderón trató este sensible tema al llamar simplemente “daños colaterales” a la muerte de inocentes. Una persona que manipula de esa forma la verdad, simplemente no puede instruir algo en una institución que prepara y concientiza a las nuevas generaciones. Y es más, una persona así jamás debió tener la oportunidad de ser presidente de México.

La Universidad de Texas no es la única institución con la que Calderón ha dialogado en el sentido de convertirlo en profesor. Tanto la prestigiada Universidad de Harvard, como la de Stanford y Georgetown, de las más reconocidas en E.U. y en el mundo, ya han negociado con el presidente para cederle una plaza apenas deje sus funciones.

Ninguna institución ha confirmado la contratación, o no, de Calderón, pero el hecho de que sean los propios estudiantes quienes tratan de evitarlo nos dice no sólo que desafortunadamente en E.U. parecen estar más conscientes de la realidad de nuestro país, sino que es la juventud misma la que defiende su propia educación, cosa totalmente loable.

Lo preocupante es que Calderón ha enloquecido y en verdad cree que puede, sin ningún tipo de atadura moral o ética, impartir clases de ¿economía, ciencia política, legislación?, cuando ha destruido a un país, nada menos que con su ineptitud y grandilocuencia. Una persona así, como decíamos, no puede siquiera pensar en eso, pues es un atentado contra la inteligencia.

¿Se imaginan que Augusto Pinochet venga a la UNAM a dar clase de derecho? Pues algo similar pasará en E.U.A. si no se concientiza en el asunto y se impide que un inepto se piense profesor, tan sólo por manejar a un país de le peor forma posible.

 

 

 

Felipe Calderón toma valor, y se lava las manos en la ONU

Como ya ustedes sabrán, hace unos días, Felipe Calderón acudió a la Organización de las Naciones Unidas (que por cierto, suele ignorar la verdadera voz de los pueblos) nada menos que a lavarse las manos sobre su actuación como presidente de México. Esta ocasión nuestro presidente alzó la voz como nunca frente a los líderes globales, casi exigiendo una revisión del enfoque prohibicionista de las drogas que se maneja en casi todos los países integrantes.
En un afán exhibicionista y enaltecedor, Calderón restregó a Estados Unidos su responsabilidad en este sentido, argumentando que es éste país el destino final de la droga y por tanto, quien mantiene mayor cantidad de adictos y quien proporciona el dinero y las armas, siendo México y los países latinoamericanos quienes ponen la muerte y la sangre.
No es necesario decir que éstas declaraciones, provenientes de quien jamás aceptó crítica alguna sobre su estrategia de seguridad, resultan ofensivas, mediocres e irracionales. ¿Por qué Calderón tuvo que esperar hasta el último momento de su sexenio, cuando ya tenía 100,000 muertos a sus espaldas, y cuando las organizaciones criminales se han hecho más fuertes y poderosas? ¿Acaso encontró la respuesta definitiva al problema del narco apenas unos días antes de dejar la presidencia?
De hecho no es así. Felipe Calderón fue criticado con esos mismos argumentos durante casi 6 años, y todo este tiempo analistas y estrategas coincidieron en que la legalización de algunas drogas sería una medida que al menos afectaría las finanzas del narcotráfico, y por tanto, su poderío. Miles de voces se han alzado a favor de la legalización de ciertas drogas durante años, y aunque con la radicalización de la violencia se hicieron más y más fuertes, Calderón jamás aceptó las fallas en la estrategia y nunca entabló un diálogo efectivo ni con Estados Unidos (pues se trata de un problema internacional), ni con el propio pueblo de México.
En efecto, hay que tener muy poca vergüenza y dignidad para contradecirse de tal forma siendo presidente de México. El hecho de exigir a todo el mundo que se revise la misma estrategia que defendiste durante años, habla de una incongruencia, y sobre todo una indiferencia y cinismo para con el país al que representas. Qué decir de la dignidad que como político, representante, dirigente y como ser humano mismo, tendrá Felipe Calderón de ahora en adelante.
Lo más lamentable es que la petición de Calderón no se trata en realidad de buscar una solución efectiva a la violencia y al crimen en México y Latinoamérica. Lo que en verdad lo mueve a hacer ésta clase de ridículos, es tratar de reivindicarse frente a sus hijos, su familia, su partido y el pueblo mexicano. Como muchas de sus últimas acciones a partir del 1 de julio, las de Calderón se enfocan a ensalsarze como mandatario, a justificar la mediocridad de su gobierno, y a limpiar su imagen.
Como era de esperarse, la ONU desechó en un día su petición, dejando así a Calderón en un ridículo mucho más grande. Lo que preocupa no es el ridículo, sino la locura y el cinismo con que ya habla el mandatario a estas alturas. Parece que ha olvidado todo lo sucedido en 6 años y pretende que con una u otra declaración falsa se le olvide al pueblo mexicano la desgracia que instauró. Como siempre, Calderón al hablar de México, se refiere a un país de los sueños donde todo es perfecto, la economía es fuerte, y el presidente que se va,fue el mejor regalo que un país pudo recibir.
No obstante, México ya no es el de antes, y no se deja engañar por un loco. Los cambios durante este sexenio fueron drásticos en materia de seguridad, y no muchos negarán el perdón para un presidente que gracias a su ineptitud y a su egocentrismo hizo un infierno de la vida de miles.
Lo que sí es necesario, y Felipe nos lo queda debiendo, es una estrategia efectiva e inteligente que sepa afrontar al crimen organizado desde sus raíces, y al problema del narco en su totalidad. Por más guerras que haya, si la demanda existe, la producción no desaparecerá. Entonces, ¿es la legalización la última y única opción que queda?

Felipe Calderón: el empresario de México

¿Qué será de Felipe Calderón tras dejar la presidencia de México? Es una de las preguntas más sonadas últimamente, no tanto porque en verdad nos interese la vida de quien dañó como nunca al país, sino para ver si su congruencia y el compromiso por México que tanto difundió durante 6 años, es verdadero.

Hace unos días, el presidente declaró que no descarta convertirse en empresario, y no sería sorprendente dado que su verdadero compromiso siempre ha estado con la iniciativa privada. A pesar de su casi ciega confianza en las empresas, las cuales según él producen 8 de cada 10 empleos en el país, es evidente que el modelo y sobre todo las concesiones y beneficios que la presidencia dio a las empresas, no fueron para nada la solución prometida.

Incluso, Calderón declaro: “Lo digo con toda convicción: he sido un Presidente que ha apoyado a las empresas”. No queremos decir que tenga algo de malo apoyar a las empresas, pero cuando se descuidan casi al nivel de la indiferencia los problemas que realmente requieren atención, surge el problema. ¿Porqué apoyar a unos (por cierto, muy beneficiados) más que a otros?

Además, como decíamos, el hecho de que Calderón posiblemente se vuelva empresario (como quizás siempre lo fue) nos dice nada menos que su compromiso fue casi exclusivamente con el sector empresarial. No hablamos de las pequeñas y medianas empresas formadas por familias o asociaciones reducidas, sino del gran capital, aquel que desafortunadamente muchas veces es tan ambicioso que  hará lo impensable para obtener más y más ganancias.

Es el caso, por ejemplo, de la entrega indiscriminada que en un momento hizo el gobierno federal a empresas canadienses del territorio sagrado de los huicholes, “Wirikuta”, o los planes de urbanización de una importante reserva ecológica en Cabo Pulmo, Baja California. Es ese sentimiento de apropiación y de explotación lo que realmente daña a México, y si tenemos un presidente cuyo sueño dorado es obtener el éxito a través del dinero, y si esa mentalidad impera en cada ciudadano, no sorprende entonces que estemos como estamos.

No pretendemos decir que la mentalidad empresarial sea mala o dañina, sino el hecho de que la obtención de una ganancia, sea cual sea el medio que haya que utilizar, aunque sea la destrucción de la naturaleza misma, sea lo fundamental y se vuelva una prioridad para el gobierno y para todos.

Mientras tanto, al presidente parece urgirle ya irse para comenzar su negocio, que seguramente y sin duda, intentará por todos los medios, incrementar el ego de los Calderón.

Feliz Día Internacional de la Paz les desea Felipe Calderón

El día de hoy en el mundo se celebra el Día Internacional de la Paz. El 30 de noviembre de 1981 la Asamblea General de las Naciones Unidas en la Resolución 36/67 así lo proclamó. De hecho, el tema de éste año fue la paz sostenible. “Durante la Conferencia que las Naciones Unidas celebraron este año en la brasileña ciudad de Río de Janeiro, los líderes mundiales, junto con representantes de la sociedad civil, de las autoridades locales y del sector privado, renovaron su compromiso político a largo plazo con el desarrollo sostenible.”[1]

Sin embargo, parece ser que en México no tenemos algo que celebrar y claro, esto es gracias al patrocinio de Felipe Calderón. Sin duda, el día de hoy podría ser una buena celebración no tener muertes violentas, bombazos, descabezados, asaltos, militares que violen derechos humanos, policías federales disparando a diestra y siniestra; no obstante, es claro que en nuestro país (y en otros tantos) esto no sucederá ya que, LA PAZ en  México no existe, bueno, solamente la capital de Baja California Sur.

Decimos que no existe la paz en México apoyándonos en las palabras de Amnistía Internacional, quienes aseguran que “la paz no es tan solo la ausencia de conflictos armados, vivir en paz es vivir con dignidad y justicia. La lucha por la paz comienza por la lucha por nuestros derechos”; pero, en México parece que no se ha entendido éste mensaje y se sigue entendiendo que esto llegará con el ejército en las calles, dejando de lado que la violencia produce más violencia.

Mientras México no se defienda con las mejores armas que tenemos, la educación y el empleo, difícilmente viviremos en paz, situación que en lo que resta del gobierno no creemos que llegue. Definitivamente seguiremos viviendo en ésta turbulencia de inseguridad, de crimen, de intimidación y de carencia de instituciones que permitan vivir digna y plenamente.

Gracias a Felipe Calderón, a su gobierno, al PAN y a los que falten de agradecer por hacer que no podamos celebrar el Día Internacional de la Paz como quisiéramos, con condiciones favorables para hacerlo.


[1] Texto obtenido de la página http://www.un.org/es/events/peaceday/index.shtml visitada el 21 de Septiembre de 2012.

¿Y los derechos humanos apá?

A propósito de la agresión que el Estado Mayor Presidencial realizó contra un joven que se expresaba contra Felipe Calderón y su sexenio de injusticias, creemos que es menester hablar de la labor de este gobierno en cuanto a respeto y garantía de los derechos humanos, y los avances que ha habido en ello.

El hecho de evaluar a Calderón en este rubro nos remite de inmediato a lo evidente, es decir, a la guerra contra el narcotráfico.Hay opiniones encontradas sobre si esta guerra es una necesidad, o más bien una necedad del gobierno federal para justificarse. De cualquier forma, la estrategia calderonista dejó como mínimo 70,000 muertos y además, una innumerable cantidad de violaciones a los derechos humanos.

Las cifras oficiales de organismos internacionales como “Amnistía Internacional” detallan que además de la brutal violación de derechos humanos que se da en el marco de la estrategia de seguridad, hay otra parte muy importante y muy poco atendida en los últimos años, como es la violación de derechos de mujeres, indígenas, migrantes y demás minorías no privilegiadas. Además, las miles y miles de vejaciones a que son expuestos, por ejemplo, la mujer en su derecho reproductivo, los reos en las cárceles, así como los frenos a la libertad de expresión y libertad económica, son prueba inequívoca de ello.

No sorprende que el diagnóstico sea negativo y desesperanzador en su totalidad . A pesar de que han habido intenciones claras de mejorar las cosas, como se hizo en 2008 con la reforma en la que se establecía la garantía de los derechos humanos en todas las cárceles del país, los resultados no son palpables. Qué decir en cuestión de respeto a la mujer, al indígena y al migrante…

Pero ¿cuál es el motivo del fracaso de todas estas políticas? Sin duda, la mala planeación que realizó el gobierno de Calderón al respecto es uno de los puntos fundamentales de su fracaso. Si a esto le aunamos la propia cultura del mexicano que no le permite salir de las prácticas corruptas, entendemos el porqué del vacío que existe en esta materia.

Está claro que el problema del narco es esencialmente social y no sólo jurídico, como la Presidencia lo manejó, y ya lo hemos dicho. Si en vez de implementar únicamente políticas de seguridad y militarización del país, hubiesen habido también políticas de concientización, los resultados hubieran sido muy diferentes. En este sentido, la participación de la sociedad civil es fundamental pues es de ella de donde emanan las verdaderas transformaciones. Es decir, si los derechos humanos se respetaran desde casa, sería mucho más sencillo para un gobierno asegurar su cumplimiento institucional, pues la mayoría de sus elementos seguirían sus propios principios, en lugar de seguir simples órdenes.

¿Cómo calificar entonces a Felipe Calderón en materia de derechos humanos? La respuesta es obvia y clara: muy negativamente. Hay miles de muertos resultado de una mala planeación estratégica, decenas de periodistas han sido asesinados o amenazados, y mientras tanto, el gobierno insiste en ocultar la realidad. En el marco cultural, tampoco hubo grandes avances, si pensamos en que se implementaron muy pocas (o ninguna) medidas de concientización y prevención entre la sociedad civil. Asimismo, la organización y movilización de la sociedad misma, es casi inexistente.

El PAN llegó sin gobernabilidad, y se va sin credibilidad

Ya hemos dicho en este espacio que el PAN está destruido y dividido internamente debido, entre otras cosas, al fracaso de los 12 años de gobierno panista y a la lucha interna de poderes que existe hoy en día como consecuencia de la pérdida de la presidencia y de un gran número de legisladores.

En este sentido, podemos asegurar que el Partido Acción Nacional ha perdido (quizás para siempre) dos cosas fundamentales en la política, que tienen que ver con la aceptación y la legitimidad: la gobernabilidad y la credibilidad. Evidentemente, la gobernabilidad es eso que todo político requiere para gobernar de forma efectiva. Ésta requiere no sólo de la disposición oficial, ni de un proyecto viable y confiable, sino en mayor parte, de la coyuntura.

Como sabemos, aunque Vicente Fox llegó al poder con un ambiente de plena gobernabilidad, cuando se creía que al fin se había logrado tener un Estado democrático y plural, es cierto que Felipe Calderón lo hizo dentro de un ambiente totalmente contrario, con incertidumbre y rechazo generalizado, lo que propició un clima de ingobernabilidad.

Ahora bien, la credibilidad, creemos, es un aspecto más importante, pues ésta no se adquiere de la noche a la mañana, y más bien se va construyendo con acciones concretas, y la manera en que la ciudadanía las percibe y las vive en la cotidianidad, y eso sí, puede perderse rápidamente y para siempre.

En este sentido, casi todas las instituciones públicas tras los gobiernos panistas son vulgarmente conocidas como corruptas. Más todavía, por ejemplo, con la lucha contra el narcotráfico, que no ha dado resultados palpables, la credibilidad del PAN como gobierno ha quedado por los suelos.

Además, es evidente que Calderón y compañía han mentido día tras día sobre los resultados del sexenio. Sólo recordemos cada informe de gobierno, y en especial el último, donde el presidente hablaba de un país que poco tenía que ver con el México real, donde aún se sufre la inseguridad, la falta de educación y cultura, y sobre todo, la corrupción.

Como decíamos, la credibilidad se forja en acciones concretas, y cuando éstas no son claras y dejan lugar a dudas cada vez más confusas, los rumores se vuelven verdaderos. Más aún cuando quien miente es el mismo presidente tratando de ocultar la dura realidad, y de justificar su gobierno a través de falacias y engaños.

Asimismo, el hecho de tener un gobierno que se encuentra totalmente alejado de la realidad mexicana, con sus vacíos legales y la cruda situación social de su población, la desesperanza se hace más grande. Que tu propio gobierno asegure que se puede vivir con 6,000 pesos mensuales; que digan que el país es más seguro cuando pocos se atreven a salir  a las calles por la noche; que se hable de estabilidad y fortaleza económica cuando un kilo de huevo cuesta al rededor de 50 pesos, es la expresión máxima del cinismo y de la gran distancia que separa al mexicano común del político que no tiene problemas económicos, y por ende, el ejemplo más claro de porqué el gobierno panista y el PAN en sí mismo haya perdido toda credibilidad y apoyo no sólo social, sino también de sus propios militantes.

Asimismo, la crisis panista que todo lo anterior provocó al interior del partido, cumple con el círculo vicioso de la falsedad y la pérdida de credibilidad. ¿Quién va a confiar en un partido que se desmorona y que pretende mantener en pie al país, cuando no puede sostenerse ni a sí mismo? ¿Quién volverá a creer en un PAN que en tan sólo 12 años destruyó su propia legitimidad y su estructura interna, y con ella dejó a México casi en la ruina?

Sin embargo, lo hecho hecho está. Quizás la lección para nuestro país será no volver a confiar en el blanquiazul por un buen tiempo, hasta que las acciones concretas que mencionábamos, hablen por sí mismas.

El PAN se queda sin panistas…

Uno de los panistas más respetables de todo México es el Senador Ricardo García Cervantes, quien cuenta con más de 35 años de militancia dentro del blanquiazul, es miembro del Comité Ejecutivo Nacional, y es también Consejero Nacional desde 1988.

Éstos últimos días, García Cervantes, de los pocos panistas respetables, abandonó las filas de Acción Nacional y de la política debido a la decepción que le provocan los 12 años de gobierno panista en México. En sus propias palabras, “el PAN ha dejado de ser un partido propositivo y humanista”, como era en sus orígenes , y en cambio, los panistas de hoy sólo continúan dentro por ambiciones personales y de poder, en lugar de hacerlo por una vocación verdadera.

Aseguró que el PAN de hoy en día ya no sigue sus principios ni sus bases ideológicas y que en lugar de ello sólo propone aquello que le daría votos, es decir, que se convirtió en un partido “populista” por llamarle de alguna manera.

¿Tiene razón el ex senador? Recordemos simplemente las acciones que han llevado al PAN a la ruina: una actuación lamentable y autoritaria de dos presidentes que no dieron el ancho; una campaña fracasada con una candidata incapaz de convocar a las masas y de convencer con un proyecto confiable; un ex presidente que traiciona y abandona al partido que lo lleva a la gloria; una división post electoral que deriva en crisis política.

Además, la indiferencia de parte del gobierno federal ante situaciones críticas, como las tragedias mineras, la poca inteligencia en la forma de enfrentar al narco, la injusticia del alza de la canasta básica, y sobre todo la entrega indiscriminada de recursos y territorios nacionales al extranjero, son también las causas del desligamiento de García Cervantes de su partido.

Como decíamos en este mismo espacio, el PAN de hoy es algo muy diferente de lo que fue en su fundación, y antes de lograr obtener el poder. En este sentido, no hay mejor muestra de ello que el hecho de que los mejores panistas y los más comprometidos con México estén abandonándolo y criticándolo tan duramente. Tanto Javier Corral como García Cervantes son la expresión máxima de la decadencia de un partido que lo tuvo todo y lo perdió por su pésimo desempeño.

Mientras tanto, el futuro del PAN es más incierto que nunca, pero no es para nada alentador, cuando sus mejores elementos lo abandonan y prefieren continuar en la lucha por sus ideales pero de forma no institucional.